«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.
Vamos al grano. La ponencia de Netanyahu en la ONU fue “excelente” para tratar dos cuestiones coyunturales como la negación del Holocausto por parte de Irán y la carrera nuclear de ese mismo país. No me topé aún con nadie, en persona, que me dijera que no estaba “100% de acuerdo” con lo manifestado por el primer ministro israelí.
Con documentación “irrefutable” -¿hacía falta mostrar papeles y copias de planos?- intentó demostrar infantilmente que el Holocausto existió. Como si esos papeles en manos de un sionista, diría un detractor, tuvieran algún valor. Podrían ser copias de la lista de compras de su esposa, diría otro personaje.
¿No es suficiente con el testimonio ya conocido hasta ahora de que el Holocausto existió? Acá no se trata de Dios, Cristo o Mahoma. ¿El santo sudario indica que Jesús existió? No. Pero los evangelios sí.
Bueno, las cámaras de gas no están de escenografía en Polonia y mi abuela no fraguó documentos de la Cruz Roja. Y los nazis no gastaron millones de marcos en documentar su “gran obra”. Todo se puede ver por Youtube, menos los documentos de la viejita. […]
Netanyahu evitó hablar, no más que en retórica, de la paz con los palestinos, a los que englobó en un panarabismo que ya no existe. Acá se trata de comenzar a negociar de una vez por todas, de ir a fondo, violando incluso los tiempos, para lograr la paz con el pueblo palestino.
Aunque suene soberbio, hay que ayudarlos a crecer como pueblo, como vecinos. No amarlos, nadie ama a un vecino a menos que tenga un culo bárbaro (entiéndase en mi caso una vecina) y los palestinos no aman a los israelíes tampoco ni tienen por qué hacerlo. No hay que pedir eso. Pero ambos pueblos tienen que madurar juntos, es el único camino para evitar más dolor. [...]
[…] Netanyahu es humano y político (qué combinación) y prefirió recordar a sus parientes asesinados por los nazis que a los soldados muertos en las últimas acciones militares de Israel en el Líbano y Gaza. Y ni hablar de las víctimas palestinas.
Si Israel hiciera la paz con los palestinos, ¿qué razón de ser tendría Hezbollah? Ah, que ellos quieren todo el territorio porque bla bla bla… Bueno, que ataquen que Israel se las devolverá. Un clásico.
Pero el error esta vez será de ellos porque aquel que acepta por esposa a la sangre para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, es cónyuge de la muerte, lo que en algún punto justifica su existencia sólo si palma inmolado y cargándose a los que pueda.
Desde hace 61 años, Israel es un país libre y democráticos. Con errores como todos. Pero desde hace 42, ocupa territorios. Y eso se paga con odio y resentimiento.
Aplaudamos mirando hacia la paz y no a la guerra. Por una vez aplaudamos un alba y no una puesta de sol. El atardercer es también un “se nos viene la noche” aunque sea más marketinero.
Estoy criando hijos en Israel. Quisiera que en 18 años el servicio militar no sea obligatorio. Quiero que sean lo que tengan que ser menos una tumba con honores castrenses.
Quiero que el héroe sea el que salva a un gato del arbol, no el que tiene signado defender al país y no puede descubrir la vacuna contra el trabajo porque el enemigo acecha y hay que pelear, matar o morir.
Basta de vericuetos bíblicos. Tengo esperanza. El día que la pierda armo la bomba atómica en el living. Total está en Youtube.
Mariano Man, «Viendo a Bibi (perdón Biondi», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 26 de septiembre de 2009 (die septima).
«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.
…
Querido K.-D.:
Pues ya que me lo preguntas, si fuera francés, me inspiraría en Jean Jaurès. Si israelí (o judío), en Judah L. Magnes. Si valenciano, Manuel Sanchis Guarner me resultaría lo más cómodo. Si vasco, me cabrían pocas dudas: Luis/Koldo(bika) Mitxelena. Si fuera español, probablemente con Julián Besteiro voy sobrado.
Sin embargo, no creo que declarar esto ayude en mucho pues, como en cuestiones de fe, en asuntos de ideas políticas y de actividad pública la experiencia y el convencimiento me dictan que la salvación se alcanza por las obras y no la sola fe. Como bien me decías, «tengo amigos que no piensan como yo y enemigos que piensan como yo».
Cordialmente.
…
(Sirva este apunte de paso como celebración de que Manfred S. Rocker [sic], uno de los mejores cronistas fotográficos de París ha vuelto [¿ha vuelto?] a postear en su Rayuela Fotoblog. Y de las pizpiretas miradas de francesas de banlieue que enternecen duros corazones de misógino sentimental en tierras de Pennsylvania.)
For all their variety of subject matter, the essays collected here converge in method as well as in thesis. They assume that feats of scholarship are just as complex—and require just as rich and flexible a set of interpretative techniques—as feats of philosophical or scientific work. The scholar reasoning about a difficult text works within a set of contexts. Personal needs and circumstances, professional customs and institutions, long-standing intellectual and technical traditions, and recent polemics all shape his methods and help to dictate his conclusions. He is the prisoner of his own tastes and obsessions, interests and insentivities. His deceptively modern-sounding arguments often address now-forgotten and unlikely issues or follow from now-obscure and alien premises. Hence no early work of classical scholarship—however austerely technical and modern it may seem—can simply be read off like a modern journal article (not that these lack their own subterranean politics of allusion and quotation, often imperceptible to the outsider). Only systematic comparison between a given work under analysis and many earlier and contemporary texts can make the modern reader familiar with the inherited technical language a past scholar used; without the familiarity one cannot distinguish between the novel and the traditional, the original and the tralatitious. Only careful study of the responses that the work in question evoked from contemporary and later scholars, finally, can enable the modern reader to uncover its original agenda of personal and technical polemics. And only an inquiry that gives due attention to each of these factors can do historical justice to a complex work of scholarship.
Por mucha que sea la variedad de los asuntos que se tratan, los trabajos aquí reunidos convergen tanto por el método como por la tesis. Parten de que las proezas de la erudición son igual de complejas que las proezas del trabajo filosófico y científico (y necesitan de un conjunto de técnicas interpretativas igual de ricas y flexibles). El investigador que discurre a propósito de un texto difícil trabaja dentro de una serie de contextos. Necesidades y circunstancias personales, costumbres e instituciones profesionales, tradiciones intelectuales o técnicas de antiguo origen, polémicas recientes: todo da forma a sus métodos y ayuda a concluir lo que concluye. Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas. Por esto, ningún trabajo antiguo de erudición clásica puede evaluarse como un artículo de periódico moderno (y no es que estos anden faltos de su propia política subterránea de alusiones y citas, a menudo imperceptibles para los no iniciados). Solo la comparación sistemática entre un trabajo que se analice y muchos textos antiguos o contemporáneos puede proporcionar al lector moderno la familiaridad necesaria con el lenguaje técnico heredado que usó un erudito del pasado. Sin esa familiaridad, no se puede distinguir entre lo novedoso y lo tradicional, lo original y lo transmitido. Solo el estudio cuidadoso de las respuestas que el trabajo en cuestión despertó en los eruditos coetáneos o posteriores puede, por último, permitir al lector moderno desvelar los presupuestos primeros de ánimo personal e intención polémica. Y solo una indagación que dé la debida atención a cada uno de estos factores puede hacer justicia histórica a la compleja obra de la erudición.
Anthony Grafton, Defenders of the text: The traditions of scholarship in an age of science, 1450-1800, Cambridge MA, Harvard University Press, 1991 (primera edición en rústica, 1994), págs. 12 y 13.
Nunca es tarde si la dicha es buena: aparte de leerme esta pieza, una más para considerar la obra de Grafton una de las más estimulantes que pululan por los anaqueles de las bibliografías sobre la época y los tiempos de Alfonso de Zamora, nunca sobra advertirle retrospectivamente al autor que donde de the scholar reasoning pronombra he («él» por presunta antonomasia gramatical) bien podría haber ido una she («ella») que nos apartara de recaer en la funesta manía de generalizar solo en género masculino. ¿Una tontería? Bueno, tanto como decir que, habiendo la común lengua española (en España se entiende; ¿o en el resto del Imperio?) para qué nos vamos a complicar hablando lenguas dignísimas pero poco eficaces. Ya se sabe que la diversidad, por muy bella y muy loable que resulte, es fundamentalmente poco eficaz. Ya lo decía don Gregorio (Peces-Barba) y don Gregorio (Salvador), gentes ambas de orden como son. Del orden establecido, concretamente, en el que tan fructífera carrera han hecho ambos (y no pocos de su eficacísimo pensamiento). Primum uiuere, que el Talmud dice que «si no hay de qué comer ['trigo'], no hay de qué discurrir ['la Torá']».
Luego:
Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas.
Salvo porque el muerto está muy vivo y nada olvidado, suscita la comparación con el plaisir malin que se permite Pierre Guichard en la meritoria entrevista que le hicieron hace tres días en Calpe los harqueros, cuando habla de que Eduardo Manzano Moreno hace, en su Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de Al-Ándalus (Barcelona, Crítica, 2006) donde le pega un buen repaso precisamente a Guichard, un ejercicio de «continuismo» historiográfico con los Beni Codera de Francisco Javier Simonet, Francisco Codera, Julián Ribera, Miguel Asín Palacios, Emilio García Gómez o Joaquín Vallvé (dignísimo profesor, por cierto), adictos a las impresiones de viajes de esta laya:
Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!
No es que Guichard le susurre (porque lo dice sin hablarlo) «esencialista» y «nacionalista» (¿y «nacional-católico»?), siendo Manzano Moreno el autor de «El problema de la invasión musulmana y la formación del feudalismo: un debate distorsionado», en María José Hidalgo, Dionisio Pérez y Manuel J. R. Gervás (eds.), «Romanización» y «reconquista» en la Península Ibérica : nuevas perspectivas, Salamanca, Universidad, 1998, págs. 339-354; «La creación de un esencialismo: la historia de al-Andalus en la visión del arabismo español», en Manuel Feria y Gonzalo Fernández Parrilla (eds.), Orientalismo, exotismo y traducción, Toledo Escuela de Traductores, 2000, pags. 23-38; o «La construcción histórica del pasado nacional», en Juan Sisinio Pérez Garzón (ed.), La gestión de la memoria : la historia de España al servicio del poder, Barcelona, Crítica, 2000, pàgs. 34-62; sino que el plaisir malin no deja de ser un conjuro de demonios personales poco justificables y una muestra de poca cintura polémica.
No se me confundan: a mí, en realidad, me da un poco igual, porque a ninguno de los dos autores, Guichard o Manzano Moreno, le importan un ardite los judíos. Es cosa de principios, nomás.
Consuelo: que Matano me dijera que, vista por dentro la casa de los científicos-científicos (ecuaciones, teoremas; cosas de valor, vamos), los asuntos se ventilan igual: con ecuaciones de buenos o malos quereres (los mismos que salvaban o fusilaban en la tapia del cementerio de Monreal en la Guerra Civil) más que con fundamentos de muchos o pocos valeres. Y que R. me advirtiera de que no fuera a creer, que entre germanistas y eslavólogos, catedráticos y más de un titular no andaban más sobrados de lengua que entre arabistas y hebraístas. Gracias al Cielo que aún nos quedan claves gnósticas, casi místicas, de comprensión del mundo: RPTs, por ejemplo.
Coda: Dios nos libre a los madrileños de los Juegos Olímpicos de 2016.
בִּישִׁיבָה שֶׁל מַעְלָה וּבִישִׁיבָה שֶׁל מַטָּה En la academia de lo alto y en la academia de lo bajo.
…
Dum inter homines sumus, colamus humanitatem; non timori cuiquam, non periculo simus; detrimenta, iniurias, conuicia, uellicationes contemnamus et magno animo breuia feramus incommoda: dum respicimus, quod aiunt, uersamusque nos, iam mortalitas aderit.
Mientras permanezcamos entre los hombres, respetemos la humanidad: no seamos para nadie causa de temor o de peligro: despreciemos las pérdidas, las injurias, las ofensas, las murmuraciones, y soportemos con magnanimidad pasajeros contratiempos. Al volver la cabeza, como suele decirse, encontramos la muerte.
Séneca, De la ira, libro iii, xliii (traducción de Francisco Navarro y Calvo).
…
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. [...]
A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ‘ab aeterno’. [...]
El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. [...]
(Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano… Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)[...]
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables M C V no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de M C V en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables M C V no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de M C V en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. [...]
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.[...]
Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana – la única – está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.[...]
Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.
…
Max Bruch, Kol nidrei, ‘Konzertstück für Violoncello und Orchester d-Moll op. 47′ (‘Kol nidrei, Pieza de concierto para violonchelo y orquesta en re menor opus 47′, 1880 & 1881), interpretada por Jacqueline du Pré al chelo y Gerald Moore al piano, grabado en los Estudios EMI Abbey Road de Londres el 15 de julio de 1962.
Los que somos místico trasunto de los querubines
y entonamos para la Trinidad creadora de la vida el himno del Santo, Santo, Santo,
dejemos de lado todo cuidado propio de esta vida
para acoger al rey de todas las cosas
acompañado, invisibles, por las cohortes angelicales.
איזה הוא חכם - הלמד מכל אדם, שנאמר מכל מלמדיי, השכלתי. איזה הוא גיבור - הכובש את יצרו, שנאמר טוב ארך אפיים, מגיבור. איזה הוא עשיר - השמח בחלקו, שנאמר יגיע כפיך, כי תאכל; אשריך, וטוב לך: אשריך, בעולם הזה; וטוב לך, לעולם הבא. איזה הוא מכובד - המכבד את הבריות, שנאמר כי מכבדיי אכבד ובוזיי ייקלו
¿Quién es sabio? El que aprende de toda persona, pues dicho queda ‘de todos los que me enseñaron, me instruí’ [Salmos, cxix, 99]. ¿Quién es un héroe? El que se enseñorea de su impulso, pues dicho queda ‘mejor es el sufrido que un héroe’ [Proverbios, xvi, 32]. ¿Quién es rico? El que se alegra de su parte, pues dicho queda ‘Llegue lo de tus manos, pues comerás, dichoso eres y tendrás bien’: ‘dichoso eres’, en este mundo; ‘y tendrás bien’, en el mundo que viene [Salmos, cxxviii, 2]. ¿Quién es respetable? El que respeta a los seres vivos, pues dicho queda ‘pues a los que me honren, honraré y quienes me desprecian se verán disminuidos’ [1 Samuel, ii, 30.]
No sé quién decía por ahí últimamente que le daba pereza el otoño. Pero si el otoño es pura actividad. Lo que no haga la gente por quejarse.
Cortesía de Arte y el activísimo Œdipus Coloneus, la Akademie für Alte Musik de Berlín y el violín solita de Midori Seiler, dirigidas por Clemens Maria Nuszbaumer, interpreta el Concierto n.º 3 en Fa mayor, Opus 8, RV 293 «L’autunno» (‘El otoño’), 3er movimiento «Allegro» de Antonio Vivaldi:
Celebra il Vilanel con balli e Canti
Del felice raccolto il bel piacere
E del liquor de Bacco accesi tanti
Finiscono col Sonno il lor godere
Celebra el campesino con baile y cante
De la feliz cosecha el placer bello
Y del licor de Baco tanto embriagados
Acaban con el sueño sus placeres.
Davvero sempre fin quasi dalla tenera e puerile età, ogni mia fatica, ogni mia opera, cura e attenzione rivolsi a procurarmi, per quanto possibile, libri in ogni genere di disciplina […]. Perché i libri sono pieni delle voci dei sapienti, pieni degli esempi dell’antichità, pieni di costumi, pieni di leggi, pieni di religione. Vivono, si conservano, parlano con noi, ci istruiscono, ci ammaestrano, ci consolano e le cose lontanissime dalla nostra memoria le offrono quasi presenti e le pongono davanti ai nostri occhi.
De cierto siempre, hasta casi desde mi más joven y tierna edad, he dispuesto mis trabajos, obras, cuidados y atenciones todos en procurarme, tanto como fuera posible, libros de todo género y disciplina […]. Porque los libros están llenos de las voces de los que saben, llenos de los ejemplos de la antigüedad, llenos de costumbres, llenos de leyes, llenos de religión. Viven, se conservan, hablan con nosotros, nos instruyen, nos avezan, nos consuelan y, las lejanísimas cosas de nuestra memoria, nos las aportan casi presentes y nos las ponen delantes de los ojos.
Come stupirsi se da queste aspirazioni era nata la stagione aurea che ora si stava per chiudere? Della Casa, che si scandalizza nel vedere circolare il libro del Valla a Venezia, pericolosamente diffuso in volgare e quindi accessibile ad un pubblico pressoché illimitato, apparteneva alla generazione che si era giovata di quella passione per la libertà e la cultura, e che aveva spinto la libertà e la cultura fino ai limiti, e molto oltre, della licenza. Eppure, poco più che quarantenne, non esita a trasformarsi in censore e assassino della libertà. Tutto, come rivelava Pasquino, nella speranza di una porpora cardinalizia. È pieno di significato che proprio all’intellettuale che meglio e più di tutti incarnava fino a pochi anni prima lo spirito dei tempi, la libertà e l’eleganza, venga attribuito dalle istituzioni di controllo il compito di cancellare quella libertà. Della Casa svolse questa missione senza esitazioni. Nel 1549 è lui, che aveva cantato le gioie della sodomia, che aveva frequentato senza scandalo i circoli intelletuali più liberi del su tempo, che aveva svolto il ruolo di mezzano per conto del voglioso ed esuberante cardinale Alessandro Farnese, che scambiava con gli amici i sonetti e le donne compiacenti, lui si decide a compilare il primo indice dei libri proibiti. Volgeva le spalle a molti amici, sensa esitazione, e non era l’unico in Italia se si pensa che perfino l’incontenibile Pietro Aretino sentì più meno negli stessi mesi la necessità di comporre un’operetta morale, che fu ad ogni modo negletta dai nuovi padroni di Roma. Non mancò chi fece notare con asprezza al Della Casa l’ipocrisia della propria parabola. Fu Pier Paolo Vergerio, vescovo di Capodistria, che da Venezia, dove con lui aveva intrattenuto rapporti più che cordiali, era scappato in Svizzera, alla ricerca di aria più pulita di quella che ormai appestava l’Italia. Conosceva benissimo Della Casa e i suoi vizi, al punto di ironizzare pesantemente sul «impurissimum satanicumque Archiepiscopum». Ma il grande salto compiuto rinnegando i principi e i legami di una vita intera non servirono al cupo nunzio di Venezia ad ottenere la ricompensa per la quale si era venduto. La porpora cardinalizia sfumò con la morte di Paolo III, nel 1549, e gli anni che seguirono segnarono un lungo inesorabile allontanamento dalla sfera del potere. Infine arrivò la beffa, poco dopo la sua morte, con l’Indice di Paolo IV, nel 1559, dove tra i libri proibiti comparvero le sue rime. La lama che lui stesso aveva affilato finiva per trapassargli il cuore.
¿Cómo asombrarse que de estas aspiraciones naciera la época áurea que estaba ahora por concluir? Della Casa, que se escandaliza al ver circular el libro de Valla en Venecia, peligrosamente difundido en vernáculo y accesible por tanto a un público prácticamente ilimitado, pertenecía a la generación que había gozado de aquella pasión por la libertad y la cultura, y que había consumido la libertad y la cultura hasta los mismos límites, y más allá, de lo licencioso. Sin embargo, con poco más de cuarenta años, no duda en volverse censor y asesino de la libertad. Todo, como revelaba Pasquino, con la esperanza de la púrpura cardenalicia. Está preñado de significación que, al mismo intelectual que de mejor manera y más que ningún otro había encarnado hasta pocos años antes el espíritu de la época, la libertad y la elegancia, las instituciones le encarguen anular tal libertad. Della Casa desarrolló esta misión sin siquiera dudarlo. En 1549 él, que había cantado los gozos de la sodomía, que había ejercido de celestino con frecuencia a cuenta del concupiscente y exhuberante cardenal Alejandro Farnesio, que compartía con los amigos sonetos y mujeres complacientes, resuelve compilar el primer índice de libros prohibidos. Daba la espalda a muchos amigos, sin dudarlo, y no era la único en Italia si se recuerda que, hasta el incontenible Pietro Aretino, sintió más o menos en los mismos meses la necesidad de componer una obrilla moralizante, que los nuevos amos de Roma desdeñaron completamente. No falto quien hizo notar con aspereza a Della Casa lo hipócrita de la parábola que representaba su proceder. Desde Venecia, Pier Paolo Vergerio, obispo de Capodistria, con quien Della Casa había mantenido relaciones más que cordiales, había huido a Suiza buscando aires más limpios que los que apestaban Italia en aquel momento. De sobra conocía a Della Casa y sus vicios, tanto como para ironizar sin ambages sobre «impurissimum satanicumque Archiepiscopum» (‘el impurísimo y satánico Arzobispo’). Pero ni la gran cabriola de haber renegado de los principios y vínculos de toda una vida sirvieron al turbio nuncio de Venecia a conseguir la recompensa por la cual se había vendido. La púrpura cardenalicia se esfumó al morir Pablo III, en 1549, y los años que siguieron fueron de un largo e inexorable alejamiento de la esfera del poder. Incluso se dio ocasión de la mofa pues, poco después de su muerte, en el Índice de Pablo IV de 1559, aparecieron sus rimas entre los libros prohibidos. El cuchillo que él mismo había afilado acababa atravesándole el corazón.
Antonio Forcellino, 1545: Gli ultimi giorni del Rinascimento, Roma y Bari, Giuseppe Laterza & Figli, 2008, págs. 200-202 (citando la carta del Cardenal Besarión [Βασίλειος Βησσαρίων] a Cristóbal Moro, dux de Venecia, del 31 de mayo de 1468, en que le comunica su deseo de donar su biblioteca a Venecia, editada por Cesare Vasoli, Le filosofie del Rinascimento, Milán, Bruno Mondadori, 2002, pág. 68).
…
«viendo la lentitud con que se pierde
serenando su fin tanta hermosura,
dichosa de valer cuando más arde»
No es que, por unas cosas u otras, nunca me aleje demasiado de Italia, pero las dos semanas últimas quizá la cosa ha sido más intensa, intentando cuadrar un informe de lo realizado gracias a pasadas liberalidades de la esclarecida institución que tiene sede, precisamente, en el Palacio Farnese o Farnesio (la familia del papa Pablo III que sale hoy por aquí) en la plaza homónima romana. Tal informe (¿hay que explicarlo?) debería propiciar liberalidades futuras de la misma casa. Estas semanas me ha acompañado la bella prosa de Forcellino, poniéndole contexto a un año decisivo para Alfonso de Zamora: 1545. Toda tesis doctoral (y todo doctorando) tiende a la misantropía según avanza el tiempo de investigación. Qué les voy a decir si el tiempo es, además, de escritura: un acabóse, un sindiós social, una reclusión cartujana. Me dicen ahora que pondremos pronto remedio a mi encierro comiendo chufas (exprimidas) y que, algunos días después, cumpliré uno de mis sueños más preciados, junto a retirarme (a la sombra de dos higueras que tendrán puesta entre ellas una hamaca caribeña y un plato de olivas negras de empeltre, aragonesas) más pronto que tarde con caudales suficientes como para dedicarme a las dos únicas actividades serias que pretendo hacer en este mundo: traducir al español la obra completa de Vicent Andrés Estellés y montar un grupito de eruditos (¿a la violeta?) para poner en el mismo romance castellano el Talmud. De Babilonia.
Pero me pierdo. En realidad, lo que les quería decir es que, para sacarme del encierro misantrópico, aparte de llevarme a beber chufas, me han propuesto hacerme padrino de una niña (con su bautizo y toda la pesca). Que era, de hace años, uno de mis sueños privados. Ea.
La condición de ahijada de la que salía por aquí el otro día y que confundía conceptos («lengua», «dialecto», lirili, lerele…), confusión que ya le fue convenientemente censurada aunque aclarar qué sea una lengua y qué un dialecto escape de los parcas y pocas sabidurías de los lingüistas, era en realidad fruto de una convención estrictamente privada, estrictamente incorrecta y estrictamente falta de toda sanción eclesiástica. No como la niña a la que tengo feliz obligación de prohijar dentro de unos días.
Lo que es, claro, una feliz ocasión.
En resumen: ando entre encerrarme y exclaustrarme y, a medias, queda Italia. Y 1545, lo que nos lleva, de rondó, a Estambul. O quizá no. Y, con seguridad, a Leiden, aunque aún no se sabe si para hacer algo, cuarto y mitad de algo, o poco más o menos, nada.
Pero eso ya se lo cuento otro día. De momento, quédense con el contexto de 1545, arriba explicado.
…
Ilustraciones: detalles del cuadro Pablo III con sus dos sobrinos, Alejandro y Octavio Farnese, de Ticiano (1546), actualmente en la Galería Nacional del Museo de Capodimonte, Nápoles.
האוויר מעל ירושלים רווי תפילות וחלומות
כמו האוויר מעל לערי תעשייה כבדה.
קשה לנשום.
ומזמן לזמן מגיע משלוח חדש של היסטוריה
והבתים והמגדלים הם חומרי אריזתה,
שאחר כך מושלכים ונערכים בערמות.
ולפעמים באים נרות במקום בני אדם,
אז שקט.
ולפעמים באים בני אדם במקום נרות,
אז רעש.
ובתוך גנים סגורים, בין שיחי יסמין
מלאי בושם, קונסוליות זרות,
כמו כלות רעות שנדחו,
אורבות לשעתן
«IMG_0398», foto de Ilan Porat (Ilan_p), 17 de abril de 2008.
Ecología de Jerusalén
El aire de Jerusalén está saturado de oraciones y sueños
como el aire de las ciudades industriales.
Es difícil respirar.
Y de vez en cuando llega un nuevo envío de historia
y las casa y las torres son las materias de su embalaje
que después se tiran y se amontonan.
Y a veces vienen velas en lugar de hombres,
entonces silencio.
Y a veces vienen hombres en lugar de velas,
entonces ruido.
Y en jardines cerrados, entre jazmines,
rebosantes de perfume, consulados extranjeros,
como novias repudiadas,
esperan su momento.
Yehuda Amijai, שלווה גדולה שאלות ותשובות (Gran tranquilidad: preguntas y respuestas, 1979/1980) traducción de Raquel García Lozano.
…
[música: ברכות לשנה החדשה («Bendiciones para el año nuevo»), de הפרויקט של עידן רייכל («Idan Raichel's Project»), 2002.]
‘Chi lo sa’, dissi io, ‘è difficile saperlo, questo non lo so neppure io che scrivo. Forse cerca un passato, una risposta a qualcosa. Forse vorrebbe afferrare qualcosa che un tempo gli sfuggì. In qualche modo sta cercando se stesso. Voglio dire, è come se cercasse se stesso, cercando me: nei libri succede spesso così, è letteratura’. Feci una pausa come se fosse un momento cruciale e dissi confidenzialmente: ‘sa, in realtà ci sono anche due donne’.
«Quién sabe», dije yo, «es difícil saberlo; ni yo, que soy el que escribo, lo sabe. Tal vez busca un passado, una respuesta a algo. Tal vez querría amarrar algo que se le escapó antaño. De alguna manera está buscándose a sí mismo. Quiero decir que es como si, al buscarme, se buscase a sí mismo: en los libros suele pasar así, es literatura». Hice una pausa como si fuese un momento crucial y dije confidencialmente: «sabe, en realidad hay dos mujeres».
Antonio Tabucchi, Notturno indiano, Palermo, Sellerio, 1984.
…
Cuando me preguntaron si, en árabe, ‘chufa’ se decía habbhaziz, yo no supe más que aplicar la pedantería primera de los lingüistas presuntos (o sea, de «jamón de lingüista», si anduviéramos en Portugal): decir que lo primero era separar en dos, substantivo y adjetivo, ḥabb y ʕazīz; que ambos congéneres, tomado de uno y en uno y con la ignorancia que es lo único que proporciona el conocimiento literal, significan «grano; fruto; semilla» y «querido; amado; estimado; preciado; precioso» (y «abuelito», habría que haber añadido, pero no caí), respectivamente y que, al menos ḥabb, había dado en las lenguas romances (despeñado yo en desenfrenada caída por los barrancos de la pedantería) los siguientes arabismos certeros: ababol, abalgar, abarraz, abelmeluco, abelmosco, aba, haba, y de la encarnación andrógina de ḥabb, la forma batafalúa; y los siguientes arabismos supuestos: alboqueróny aleli.
Pero que de todos (se lo diría el aragonés postizo del que ejerzo a menudo), el arabismo más importante es ‘ababol’ (primera acepción).
El caso es que no supe decirle (y sigo sin saberlo) si ‘chufa’ en árabe (¿en qué árabe? ¿El fetén «encantador»? ¿El chaucháu de batanero tunecino que una vez llegué a balbucear?) se dice ḥabbu ‘lʕazīz (¿alḥabbu ‘lʕazīz?) y sigo sin saberlo. Me da por releer a Federico Corriente (debería moderarme el vicio), cuyo director de tesis fue Federico Pérez Castro:
Aprender bien el árabe, o sea, leerlo, escribirlo y hablarlo, requisito básico, si bien no único, del arabismo, aunque a algunos pese, era algo imposible, imprevisto y hasta indeseado en las universidades españolas de 1958 y años inmediatamente sucesivos, tanto por la falta de esas obras básicas de gramática y lexicografía, como por la misma actitud del profesorado de entonces, no pocas veces meritorio en grado sumo, pero demasiado anclado en la tradición y empeñado en objetivos filológicos que, en la visión del momento, no pasaban por ahí, ni aspiraban sino a traducir, como mucho, y de muy tarde en tarde editar textos, como si eso fuera razonablemente hacedero sin ‘sens de langue’ [«sentido de lengua»], que sólo puede ser engendrado por la internalización completa del sistema lingüístico y práctica subsiguiente. Esa situación no cambió pronto, ni radicalmente, como hubiera sido lo mejor para todos, es más, no lo ha hecho aún del todo en tal vez la mayoría de esas instituciones, pero, al menos, todos saben ya, aunque obligue a molestos ajustes, que el cambio es necesario, muchos lo están intentando, menos impidiéndolo y algunos, consiguiéndolo, y encuentran los medios para ello, incluidos aquellos libros pioneros que, aunque sólo fuera porque contribuyeron a concienciar de lo obvio, creemos valió la pena componer. […]
Y no nos arredramos ante cierta hostilidad que no ignorábamos provocaríamos, que llegó y que asumimos, como consecuencia de una opción moral y profesional. Por supuesto se nos ladró, pero siempre cabalgamos a alguna distancia por delante del posible mordisco rastrero, tal vez por no haber sentido nunca la tentación de pararnos y revolvernos para ahuyentar halitosos caminos y empolvoradas fauces.
Y la cosa es que, en siciliano, babbagigi son las chufas y que, de esos babbagigi, vendrían los cabbassissi, que tanto se usa en las novelas de Camilleri (me dicen) y que tanto valen como los «¡cojones!» de mi pueblo por mucho que haya quien quiera disimularlo con los «¡caracoles!» o el «¡caramba!» de tebeos de Tintín.
Poca cosa somos los filólogos. Bueno, algunos somos más poca cosa que otros, claro. En Valencia hasta les ponían bombas. Eran otros tiempos, claro.
El otro día en Blanquerna, una de las dependientas que responde a un cliente: «No, es el mismo libro, pero esta es la edición en catalán y esta la edición en valenciano».
El otro día, con mi adorada ahijada: «Pero, ¿cuántas lenguas hablas?». Esta, esa, aquella y catalán. «¿Pero el catalán es una lengua?». Y si no, ¿qué es? «¿Un dialecto?».
En el programa Là-bas si j’y suis, «propuesto» (me encanta este galicismo) por Daniel Mermet en France Inter, emisión del 9 de septiembre de 2009 («sus reacciones después del reportaje de Dillah Teïbi, ‘Lo que vela el burka’, emitido ayer»), 47’30′‘:
Les femmes sont en communauté. Elles ne nous disent même plus bonjour. On peut plus les approcher, on peut plus leur parler. C’est très, très angoissant, franchement très angoissant pour nous. […] Elles ne parlent même pas français, elles parlent arabe entre elles. [Las «emigrantes de segunda generación» en una ciudad francesa] On est regardé de travers, chez nous, en Occitanie. […] Ce sont des françaises!
Las mujeres se restringen a su grupo. Ni nos saludan. No podemos acercarnos, ni hablarles. La verdad es que nos angustia, nos resulta muy angustioso. […] Ni siquiera hablan francés. Hablan árabe entre ellas. [Las «emigrantes de segunda generación» en una ciudad francesa] Nos miran mal, aquí, en nuestro país, en Occitania. […] ¡Y son francesas!
En la respuesta de un profesor catalán a una pregunta mía:
M’he descuidat d’afegir un detall en la meva última carta. Pots escriure’m, si vols, en castellà o en francès. Agraeixo molt que ho hagis fet en català, però pels cognoms no sembles català, valencià o mallorquí d’origen.
«Me he olvidado de añadir un detalle en mi última carta. Puedes escribirme, si quieres, en castellano o en francés. Agradezco mucho que lo hayas hecho en catalán, pero por los apellidos no pareces catalán, valenciano o mallorquín de origen».
(septiembre de 2007).
«Tú lo que tienes que hacer es irte a Arabia Saudí, que allí sí que hablan árabe ‘clásico’ por la calle» (una estudiante tunecina de chino [?] en algún momento del 2000).
«¿Me quieres decir por qué coño pronuncias así el hebreo? Grgrgrg, grgrgrg, grgrgrg» [intentaba reproducir así ella la pronunciación fricativa uvular sonora de la /r/ en hebreo israelí, socialmente normal aun no siendo normativa] «¡Pronuncia como Dios manda, en sefardí, de toda la vida, coño!». La interlocutora era hebraísta, universitaria y no hablaba – ni habla – hebreo (pero sí lo pronunciaba). Israelí tampoco hablaba (ni lo pronunciaba). Debía de ser sobre 1998 o 1999.
Al contrario que para la historia de la pronunciación llamada «asquenací» del hebreo (Ilan Eldar, מסורת הקריאה הקדם-אשכנזית מהותה והיסודות המשותפים לה ולמסורת ספרד [«La tradición de lectura pre-asquenací»], Jerusalén, Magnes Press, vol. 1: «Temas de pronunciación y vocalización», 1978, vol. 2: «Temas de formación», 2000), no existe, hasta la fecha, ningún estudio monográfico – ni casi específicos o locales – sobre lo que haya sido históricamente la pronunciación «sefardí». A pesar de lo cual, las monografías académicas o divulgadoras no dejan de repetir que «la pronunciación del israelí abandonó la pronunciación asquenací y tomó la sefardí». Es decir: los israelíes, en general, pronuncian un ectoplasma científico.
El latín será una lengua muerta, pero Judith y yo nos acabamos de escribir en latín (para hablar luego por teléfono, probablement en francés. Luego acabaremos en inglés, como casi siempre. Yo es que con el polaco no puedo). Cada uno con el substrato y cierta fantasía léxica que corresponde, claro.
«Las 3 cruces y la Ermita de la Virgen al fondo», foto de la web 'Otero de Herreros', mantenida por Emiwy (2007).
Au-dessus de mon front
Où il tire les ficelles
De mes rêves et mes démons
Se font toujours la belle
Du large des grands fonds
Et jusqu’après la terre
Je les sens, ainsi font
Les yeux de mon grand-père
Por encima de la frente / donde tira de los hilos / de mis demonios y mis sueños / se me siguen escapando / de lo ancho de lo más profundo / y más allá de la tierra / los siento, así hacen / los ojos de mi abuelo.
«Ciao, Bella»
Les autres on s’en fout
«Ciao, Bella»
Les autres c’est pas nous
«Ciao, Bella»
Tu manques à ma vie
«Ciao, Bella»
Jamais je n’oublie ta voix
«Ciao, bella» Los demás, tanto nos dan / «Ciao, bella» Los demás, no somos los dos / «Ciao, bella» Te echo tanto de menos / «Ciao, bella» Tu voz nunca se me olvida
Au-delà des étoiles
Des rives du bon Dieu
Lui sur sa jolie toile
Il tisse tous mes voeux
Au détour d’un chagrin
A l’angle de mes larmes
Il se fraye un chemin
Et défait tous mes drames
Más allá de las estrellas / De la orillita de Dios / Él, metidito en su lienzo, / Me teje todos los deseos. / A la vuelta de un penar, / En la esquina de mis lágrimas, / Se busca cómo llegar / Y desmonta todos mis dramas.
Rose, «Ciao bella», Rose (2006).
PD: ¿Que qué tiene que ver esta Rose con los judíos? ¡Ja! Se creerán que no. Si están por todas partes. Y si no lo están, ya los busco yo. Para eso se es filosemita de profesión. Por cierto que, sobre filosemitas, tendremos que hablar más detenidamente por aquí otro día… En fin.
Las naciones no existen pero, para no existir, esos ectoplasmas identitarios tienen una marcha que ni la de los más célebres cementerios. Como humilde contribución a los cuarenta y ocho comentarios (a fecha del segundo día de Rosh Hashaná del 5770) que han glosado un apunte reciente en Cal Cento, aquí les traigo la crónica de un periodista israelí en la Fiesta Nacional de Cataluña del pasado 11 de septiembre, cuya primera noticia me llegó en inglés por los ‘relampagueos’ (llampegueigs) de El vigilant del far:
את התהלוכה הובילה לאטה ניידת משטרה, ואחריה צעדו מפגינים נושאי לפידים, מלווים בלהקת מתופפים. הם קראו בקול, נשאו דגלים והניפו שלטים: “קטלוניה איננה ספרד“. רק עוברי אורח מעטים גילו עניין בהפגנה הלילית, כשבסמטאות הסמוכות שקקו המסעדות והבארים. למחרת נתלו על המרפסות בברצלונה דגלי פסים בצהוב ואדום לכבוד “יום הדיאדה” ב-11 בספטמבר, יומה הלאומי של קטלוניה. בערב באו אלפים לפארק, לקונצרט רוק בקטלנית. (…)
El desfile lo conducía lentamente un vehículo policial y, tras él, marchaban manifestantes portando antorchas, acompañados por tambores. Gritaban consignas, llevaban banderas y sostenían pancartas: «Cataluña no es España». Solo unos pocos viandantes mostraron interés en la manifestación nocturna, mientras los restaurantes y bares de las aceras a los lados reventaban de público. Al día siguiente, colgaban de las balcones de Barcelona banderas a rayas amarillas y rojas en honor de la ‘Diada’ del 11 de Septiembre, fiesta nacional de Cataluña. Por la noche miles de personas asistieron en un parque a un concierto de rock en catalán. [...]
היום הלאומי מציין את ה“נכבה” של קטלוניה, נפילת ברצלונה לידי הספרדים לפני 295 שנה. אש תמיד דולקת במצבת הזיכרון לחללי המצור על העיר. שמירת המסורת מעוררת כבוד, ולקח בצדה: קשה מאוד ואולי אי אפשר לדכא רגשות לאומיים. הם מתקיימים גם אחרי דורות של כיבוש, הטמעה ודיכוי, ואחרי שהאוכלוסייה המקורית דוללה בגלי מהגרים מספרד וממרוקו. אך בניגוד לבסקים, שניהלו מאבק אלים, הקטלנים לוחמים על חירותם בדרכים דמוקרטיות. (…)
La Fiesta Nacional señala la ‘Nakba’ catalana, la caída de Barcelona en manos de los españoles hace 295 años. Un fuego perpetuo brilla en el memorial que recuerda a los que cayeron en el cerco de la ciudad. Que se conserve la tradición inspira respeto a la vez que sugiere una lección: es muy difícil, quizá imposible, suprimir los sentimientos nacionales. Siguen existiendo incluso después de siglos de ocupación, asimilación y represión y después de que la población original decrezca por oleadas de inmigrantes españoles y marroquíes. Pero, al contrario que los vascos, que llevan a cabo una lucha violenta, los catalanes pelean por su libertad por métodos democráticos. [...]
בספרד (…) הרוב שולל את תביעת המיעוט להתבדלות מדינית, מעבר לאוטונומיה סמלית - אבל מקבל אותה כחלק מהשיח הפוליטי הלגיטימי, ולא כאיום קיומי או חתרנות מסוכנת שנועדו לקרוע מהמדינה חבל ארץ יפהפה ומפותח. לכן אפשר לקיים תהלוכת לפידים כזאת בברצלונה, כשבצדה נמשכים החיים כרגיל. (…)
En España […] la mayoría rechaza la demanda de separación política que hace la minoría, más allá de la autonomía simbólica, pero la acepta como parte de la legítima discusión política, y no como una amenaza existencial ni un sabotaje peligroso que aspiran a desgajar del país a una región bellísima y desarrollada. Por esto pueden producirse desfiles como este en Barcelona mientras, a su lado, continúa la vida como siempre. [...]
בספרד יש עוינות קשה לישראל וביטויי אנטישמיות בתקשורת - אך בעבודה דיפלומטית ותקשורתית נכונה, אפשר למצוא ידידים ותומכים. גם את זה כדאי ללמוד מסוף שבוע בברצלונה.
En España hay una fuerte animadversión hacia Israel y expresiones de antisemitismo en la prensa pero, con un adecuado trabajo diplomático y de comunicación, se pueden encontrar amigos y partidarios. También esto conviene aprenderlo en un fin de semana en Barcelona.
Aluf Ben, ‘לפידים בברצלונה‘ («Antorchas en Barcelona»), Ha’aretz, 16 de septiembre de 2009.
…
Criaturita. Y una constatación: no sé cómo andaría el israelí de catalán (escaso de ciertas conjugaciones históricas, a mi entender). De español andaba flojo. Muy flojo. Flojísimo.
Is e in fer cetna tra Fenius Farsaidh arainig inna ceithri aipgitri·sea ·i· aipgitir Ebraidi agus Grecda agus Laitinda agus in beithi-luis-nin in ogaim agus is airi is certiu in dedenach ·i· in beithe air is fo deoidh arricht.
Hete aquí que Fenius Farsaidh es el mismo hombre que descubrió estos cuatro alfabetos, a saber, el hebreo, el griego y el latino, y el Beithe Luis Nin de Ogham, y a esto es debido que el último, a saber, el Beithe, es más exacto porque fue descubierto el último.
George Calder (editor y traductor), Auraicept na n-éces («the scholars’ primer; being the texts of the Ogham tract from the Book of Ballymote and the Yellow book of Lecan, and the text of the Trefhocul from the Book of Leinster»), Edimburgo, John Grant, 1917, pág. 88 (traducción española a partir de la inglesa).
…
Els sociolingüistes s’han deixat entabanar en massa ocasions pels brillants resultats obtinguts per la promoció de l’hebreu al llarg del segle xx, especialment destacables si parem esment als segles transcorreguts des que aquesta llengua va quedar confinada exclusivament a l’esfera religiosa. Un sociòleg competent, però, no hauria de restar obnubilant davant l’aparent espectacularitat del cas. En bona mesura, la història anterior no resulta gaire decisiva de cara a explicar l’èxit o el fracàs de la promoció d’una llengua, al contrari del que ocorre amb la seva posició social en el moment d’iniciar-se el procés. […] Davant l’omissió d’aquests factors o d’altres equivalents, però, el més probable és que qualsevol temptativa de normalització lingüística desemboqui en el fracàs o, a tot estirar, assoleixi uns èxits molt minsos. El cas de la promoció de l’irlandès en constitueix l’exemple més notori. […] Al cap i a la fi, no hauria de sorprendre’ns, ateses les condicions socials d’Irlanda, on l’anglès era des de feia temps la llengua comuna i només una minoria d’irlandesos estava familiaritzada amb l’idioma que hom pretenia promoure. A més a més, els incentius materials de caràcter laboral, escolar, etc. van afavorir sempre aquell. […] A l’entremig d’ambdos casos, existeix tota una casuística mereixedora d’una anàlisi detinguda que no podem dur terme ací. […]
Dublín, Royal Irish Academy/Acadamh Ríoga na hÉireann, manuscrito n.º 23 P 12, f. 170, lado recto (detalle): «Fege finn» (c. 1390 EC).
Los sociolingüistas se han dejado engatusar en demasiadas ocasiones por los brillantes resultados obtenidos por la promoción del hebreo a lo largo del siglo xx, especialmente destacables si caemos en la cuenta de los siglos que habían transcurrido desde que esta lengua quedó confinada exclusivamente a la esfera religiosa. Un sociólogo competente, sin embargo, no debería quedarse obnubilado ante la aparente espectacularidad del caso. En buena medida, la historia anterior no resulta particularmente decisiva si se quiere explicar el éxito o el fracaso de la promoción de una lengua, al contrario de lo que ocurre con su posición social en el momento de iniciarse el proceso. […] Si se omiten estos factores u otros equivalentes, lo más probable es, sin embargo, que cualquier tentativa de normalización lingüística desemboque en el fracaso o, como mucho, alcance unos éxitos menguados. El caso de la promoción del irlandés constituye el ejemplo más notorio. […] Al fin y al cabo, no debiera sorprendernos, dadas las condiciones sociales de Irlanda, donde el inglés era desde tiempo atrás la lengua común y solo una minoría de irlandeses estaba familiarizado con el idioma que se pretendía promover. Además, los incentivos materiales de carácter laboral, escolar, etc., favorecieron siempre aquel [el inglés]. […] A medio camino de ambos casos, existe toda una casuística merecedora de un análisis detenido que no podemos acometer aquí. [...]
Josep J. Conill (que digo yo que será casualidad que sea de Castellón), Del conflicte lingüístic a l’autogestió: materials per a una sociolingüística de la complexitat, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 2007, pág. 90 (vía las Eines de llengua – versión montaignesa – de Miquel Boronat).
…
(Hi ha qui en vol fer munició, de les ruïnes de Babel: «Hay quien quisiera convertir en munición las ruinas de Babel», Lluís Vicent Aracil i Boned).
Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe, «Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres, Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 20
Desde el principio pintaba bien y luego seguía bien:
First impressions are important, because they imping[e?] on us directly, unfiltered by the tolerance one acquires through understanding. People who live with or are part of a system often are the poorest judges of its utility, because immersed in the system, they have no objective reference from which to evaluate it. Scholars fare no better. Attracted by the challenges of a problem, as their understanding of it deepens, they often loose sight of the fact that it is a problem. Contradictions understood on their own terms begin to seem reasonable. Add to this the comfort one realizes from having mastered the problem’s complexities, and the scholars is soon the system’s most outspoken defender.
Las primeras impresiones son importantes porque nos invaden directamente, sin que las filtre la tolerancia que se adquiere a través del proceso de comprensión. Quienes viven con un sistema, o participan de él, suelen ser los peor capacitados para juzgar de su utilidad, ya que, al estar inmersos en el sistema, no tienen los referentes objetivos que servirían para evaluarlo. No es que los investigadores anden mejor. Atraídos por los desafíos de un problema, según van ahondando en la comprensión del fenómeno, suelen perder de vista que el problema no deja de ser un problema. Las contradicciones que se entienden en sus propios términos empiezan a parecer razonables. Añádase a esto la satisfacción que produce haberse enseñoreado de las complejidades de un problema y tendremos que los investigadores pronto se convierten los defensores más acérrimos del sistema.
Pero luego arruga uno la ceja («¿Y esto qué pinta aquí?»):
It is unusual to find an informed critic of East Asia’s character writing system, not because the system is not badly in need of criticism, but because those able to provide it have lost the incentive. The problem begins with East Asian themselves. Just as it is marginally easier for me to pay 42 percent of my income in taxes than to try doing something about it, people born into the ”Chinese character cultural sphere” who have to deal with the characters’ foibles and disutility on a daily basis acquiesce in their fate because they have no real choice. (…)
No suele darse que se pueda hallar un crítico del sistema extremo-oriental de escritura con caracteres que sepa de qué habla, y no porque el sistema no esté extremadamente necesitado de que se lo critique, sino porque los capaces de criticarlo han perdido todo incentivo. El problema son, en primer lugar, los propios habitantes del Extremo Oriente. Del mismo modo que me resulta ligeramente más fácil pagar en impuestos un 42 % de mis ingresos que tratar de arreglarlo, quienes nacen en la «esfera cultural de los caracteres chinos», que tienen que vérselas con las incongruencias y la nula utilidad de los caracteres de forma cotidiana, aceptan su destino porque no tienen, en realidad, otra opción. [...]
Y sigue con la celebración del prejuicio ideológico («Ole, ole y ole»):
Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe, «Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres», Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 21
Some [Westerners] go on to study the characters and end up dabbling in them just enough to persuade themselves that the system, potentially, can be mastered and that it really is a genuine alternative to the alphabet. They then retreat to their own alphabetic world with the same smugness and righteousness that a Western student gets from a two-week tour ”laboring” in a Chinese peasant commune. (…) Still others make the effort to study the structure of the system and its workings and conclude, under the influence of the enlightened relativist paradigm, that the writing system really does match up quite well with the languages it is used for—without ever asking themselves how the languages got that way in the first place.
Algunos [occidentales] proceden a estudiar los caracteres y acaban zascandileando con ellos lo bastante como para convencerse de que el sistema, en potencia, puede dominarse y de que es una verdadera alternativa al alfabeto. A continuación se retiran a su propio mundo alfabético tan henchidos de satisfacción y justicia cumplida como los estudiantes occidentales que vuelven de un voluntariado «de trabajo» en una comuna agrícola china. […] Hay otros que hacen el esfuerzo de estudiar la estructura del sistema y cómo funciona para concluir, influidos por el paradigma relativista ilustrado, que lo cierto es que el sistema de escritura se adecua bastante bien a las lenguas para las que se usa, sin siquiera preguntarse como se adecuaron en origen las lenguas al sistema.
En conclusión: Obama lo tiene crudo. Y no sé a santo de qué salen a relucir las témporas con su habitual acompañante paremiológico o el tocino veloz, ese feliz oxímoron. Por lo demás, aún ando a ver si se me quita la cara de susto. Pero el libro es interesante, eso sí, muy bueno si no fuera por un par de sustos parecidos.
Piazza delle Cinque Scole, finales del s. xix-principios del s. xx, Museo di Roma, Archivio Fotografico Comunale.
Dos mejor que uno. No es que estuviera buscando cómo responder una pregunta («¿El hebreo tenía algún uso como lengua de comunicación oral en la época del Doctor Mirabilis?») cuya respuesta lleva rondando por aquí más de la cuenta (y que acabará respondiendo más bien a una hipotética pregunta «¿Cuándo, cómo y cuándo fue el hebreo medio de comunicación oral en la Diáspora judía?») y me encontré en las preguntas con respuestas (o responsa si nos ponemos eruditos y latinos) de Moisés ben Israel Isserles (איסרלישׂ), que vivió entre 1520 y 1572 en Polonia, con dos respuestas que no esperaba. Juzguen ustedes:
וגם בהברת מבטא הלשון העברית שונים הם ביניהם בשיעור גדול כל כך, עד שרק בקושי מבינים האיטלקיים והמזרחיים את האשכנזים בדברם עברית ביניהם, ואין בהם אשר שפתותיהם ברור מללו בעברית על פי כללי הגראמאטיקה שקורין דקדוק, כמו האיטלקים.
Igualmente, en el acento con que pronuncian el hebreo se diferencian [judíos asquenacíes e italianos] en gran medida, hasta tal extremo que solo con dificultad entienden los italianos y los orientales a los asquenacíes al hablar hebreo entre ellos, ni hay entre ellos [los asquenacíes] que platiquen en hebreo con claridad según las reglas de la ‘gramática’ [sic], que llaman diqduq, como [hacen] los italianos.
כאשר גזר האפיפיור גריגוריוס הי”ג בשנת אלף חמש מאות שמונים ש”מ, שכמרים ידרשו בשבח הנצרות בבתי כנסיות של רומא, חיפשו אחרי דרשנים, כנראה מומרים, יודעי עברית כדי שהמתפללים יבינו אותם. סימן הוא שהבנת העברית המדוברת היתה נפוצה בין יהודי רומא.
Cuando decretó el papa Gregorio XIII en 1580 (¿«cómputo local» = ש”מ?) que los curas predicaran para gloria del cristianismo en las sinagogas de Roma, buscaron a predicadores, apóstatas según parece, que conocían el hebreo para que los fieles les entendieran. Es señal esto de que la comprensión del hebreo hablado estaba extendida entre los judíos de Roma.
Ambas noticias están tomadas del ¿ítem? (= סימן) n.º 130 de los responsa de Moisés b. Israel Isserles (¿o Isarles?), según la edición del rabino Asher Ziv, Jerusalén, Imprenta Hemed, 5731 (=1970), digitalizada por el Proyecto Responsa, que se corresponde con las págs. 202a-203b de esta edición, establecida a partir de las ediciones de Hanau, 5470 (=1712) y Amsterdam, 5471 (=1713).
Otro día seguiremos sacándole punta a tan ameno ítem (nos pasaremos un rato zascandileando por Italia. Nada de provecho, claro está, como se suele por aquí).
No es que Susana Pérez de Pablos, periodista de El País, no sepa inglés y sin embargo nos transmita la buena nueva:
Y en el otro lado del campo, los británicos. En posición de alerta. La prestigiosa revista de educación superior británica Times Higher Education ha dedicado al tema recientemente dos amplios artículos. Un editorial titulado Everyone is talking the talk. Es decir: todo el mundo está hablando la lengua.
(aunqueto talk the talk sea una frase idiomática que tanto vale, en español, como «mucho lerele y poco lirili» y no esa traducción de Google Translate, «hablar la lengua», y que se suele complementar con to walk the walk, dizque «obras son amores y no buenas razones»)
sino que la inspiradora de su evangelio sociolingüístico, Ann Mroz, no sabe francés (ni poner acentos ni cedillas, que sin embargo si aparecen en un teclado inglés) aunque se permita pontificar sobre el francés y sus usos casi tanto como Susana Pérez de Pablos sobre el inglés y sus (futuros) esplendores:
Even the French, whose immortels in the Academie francaise devote hours to inventing French terms for Anglo-Saxon words such as “football” and “software” that creep into use.
Incluso el francés, cuyos «immortels» [inmortales] de la Académie française dedican horas a inventar términos franceses para palabras anglosajonas como «fútbol» y «software» que se van colando en el uso.
En resumen, a ver si va a haber que preguntar a los que saben, no sea que el catalán, hablado en Inglaterra (¿o Irlanda?) y por madrileños, también sea útil. Para entenderse, claro. Y para apreciarse, obvio.
Pasaba por aquí y venía pensando que si una editorial israelí que se dedica exclusivamente a traducir obras del árabe al hebreo:
אנדלוס היא הוצאה לאור שמתמקדת בתרגומים מהספרות וההגות הערבית לשפה העברית. אנדלוס היא גם שפה ומקום. “תור הזהב” של התרבות הערבית והעברית, האסלאמית והיהודית. תקופה בה התרבות העברית הושפעה על ידי התרבות הערבית ואף השפיעה עליה. תקופה בה יצרו גדולי ההוגים, הסופרים והמשוררים, היהודים והערבים, היהודים-ערבים.
Andalus Publishing is a progressive and independent Israeli publishing house dedicated to the translation of Arabic literature and prose into Hebrew.
Andalus, the site of the “golden age” of Islamic and Jewish thought, where Arabic and Jewish cultures fed and fertilized one another was also an epoch known for its literary and intellectual output by some of the greatest Muslim and Jewish philosophers, theologians, and poets. It was a period during which texts were translated and ideas exchanged freely from Arabic to Hebrew and vice versa.
– que traduciendo del hebreo, se arromanza más o menos de esta manera: «Andalus es una editorial que se centra en la traducción de literatura y pensamiento árabes al hebreo. Andalus es también una lengua y un lugar. La ‘Edad de Oro’ de la[s] cultura[s] árabe y hebrea, islámica y judía. Una época en que la cultura hebrea recibió la influencia de la cultura árabe e influenció a esta a su vez. Una época en la que desarrollaron su creación los más grandes pensadores, escritores y poetas, judíos y árabes, judeo-árabes» –
مثل صيف لن يتكرر، محمد برادة
ha tomado por nombre «Andalus», ¿cómo tendría que llamarse una editorial árabe dedicada exclusivamente a traducir obras del hebreo al árabe? ¿Y del yiddish al árabe? ¿Y del judeo-español al árabe? ¿Y del francés de los escritores judíos al árabe? Y si «Andalus Publishing» tiene a Shim’on Balas y Anton Shammas de consultores editoriales, ¿a quiénes tendría una hipotética editorial árabe que tradujera del hebreo al árabe? ¿Existirá tal editorial? Y porque los de la editorial se han visto en la necesidad de especificar en su presentación inglesa que son «progresistas e independientes»? ¿Es que si en hebreo se habla de una editorial que traduce literatura árabe contemporánea al hebreo ya se da por supuesto que tiene la sede en la calle Sheinkin de Tel Aviv y que sus promotores van a conciertos de jazz los viernes por la noche y leen el suplemento literario de Ha’aretz los sábados por la mañana?
En fin, no sé…
Noche, noche mía, tú ¡noche!… / Los días pasados en tu regazo, tengo el espíritu calmo. / Un sol eterno de verano ha reunido lo vivido y olvidado. / Lo que hemos vivido es inmortal cuando el exilio del tiempo sabe a miel: / si otra vez hubiese de vivir, ¡ni un segundo cambiaría! / Delicioso lo vivido, cuando la luz brilla en libertad / y el bien en nosotros llena la vida de amor y de calma. / ¡Los días pasados en tu regazo, tengo el espíritu calmo. / Un sol eterno de verano ha reunido lo vivido y olvidado!
(Me dispensarán de traducción de كل شيء حلو [«Todo es bello»] que canta doña Reem Talhami a continuación, que no está uno para dispendios…)
Antonio de Nebrija, Tertia quinquagena, reimpresión de Arnaldo Guillén de Brocar, Alcalá de Henares, 1516.
…
El otro día se me ocurrió buscar una referencia. Algo muy desagradable que puede acarrear inopinadas y graves consecuencias al desustanciado doctorando que se dedica a malgastar su escaso tiempo en comprobar lo que dice en vez de escribir, sin más, lo que tiene que decir.
Era una cita de los Tertia quinquagena de Antonio de Nebrija que de vez en cuando me da por citar, y en latín, lo que da idea de mi estupidez latinesca de petimetre:
Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.
Como si dijéramos:
Arduo es devolver los nombres a las cosas y las cosas a los nombres.
Redondo, ¿no? Según Nebrija, es una cita del «proemio» a la Historia natural de Plinio. A mí me ha parecido un eslogan sin par de lo que significa el trabajo de historiar, aplicando «historiar» a cualquiera de las facetas de las ciencias de lo antiguo.
Como decía, esto sale en el apartado dedicado al porphyrio (§ xxxv), término de realia bíblica que el maestro Antonio identifica con el «calamón» de su patria andaluza. Como los Tertia quinquagena bien merecen una explicación de su circunstancia de redacción y de su intención antes de seguir y como Marcel Bataillon ya lo dejó explicado mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, copio el fragmento correspondiente de la competente traducción española (segunda edición, corregida y aumentada) que le hizo Antonio Alatorre a su Erasmo y España («estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi», México, Fondo de Cultura Económica, 1966, primera edición francesa de 1937), págs. 32 y 33:
Nebrija no se había quedado mano sobre mano; lejos de ello, y en espera de tiempos mejores, había vuelto a emprender el trabajo confiscado por [el inquisidor general Diego de]Deza [1443-1523]. Ahora bien, en 1507 luce una esperanza nueva para los estudios bíblicos. Deza, comprometido por las crueldades de[l inquisidor Diego Rodríguez de]Lucero en Córdoba, se ve obligado a dimitir, y el propio Cisneros, recientemente elevado a la dignidad de cardenal, es quien le sucede como Inquisidor General. Aquel a quien Nebrija había invocado en vano como árbitro es ahora juez supremo. Entonces es cuando le dedica su «Tertia quinquagena» [(«La tercera serie de cincuenta»)], conjunto de disertaciones filológicas acerca de cincuenta pasajes de la Biblia, cuyo número ordinal (‘tertia’) era probablemente una alusión discreta al primer trabajo, confiscado por Deza, y al segundo, cuya aparición había estorbado el mismo Inquisidor.
Casi todos los términos sobre los cuales quiere Nebrija hacer brillar la luz de la filología pertenecen a lo que se podría llamar el campo de los ‘realia’ de la Biblia. Unas veces parte de una observación, certera o falsa, de un glosador como Nicolás de Lira, o de autores mucho más oscuros, como aquel Jacobus Constantinus cuya «Hecatostys» o ‘centuria’ de observaciones descubrió él mismo un día que escudriñaba, según su costumbre, los rincones de las muchas librerías de Salamanca. Otras veces acude a sus propios recuerdos: hablando del onocrótalo, afirma haber visto en dos ocasiones este pájaro, una vez de cerca en una plaza pública de Bolonia [JdPP: de Italia, no la deliciosa de Tarifa], donde se le exhibía como curiosidad, y otra, de lejos, en su Andalucía natal, a orillas del Guadiana. Su conocimiento de los naturalistas antiguos le permite distinguir dos pájaros que durante largo tiempo había confundido, e identificar el ‘porphyrio’ con el calamón de su tierra, mientras que el ‘phoenicopterus’ no es sino el flamenco, igualmente común en Andalucía. Preguntándose a qué responden, en realidad, ‘simila’ y ‘similago’, acude a los hebraizantes para saber el sentido de la voz hebrea ‘soleth’. Es la flor de harina que servía para hacer los panes de la proposición, el acemite de los andaluces, la materia prima del alcuzcuz que tanto gusta a los moriscos y negros, [§xlii: «Mauri atque Aethiopes qui apud nos degunt suum illum peculiarem cibum concinnant, quem sine honoris praefatione nominare non licet, alcuzcuz appellant»: 'los moros y etíopes que entre nosotros residen, preparan aquella particular comida suya, que no es lícito nombrar sin un prólogo de honor, denominan alcuzcuz'], la sémola de los aragoneses [JdPP: y de los «tarraconenses» o ¿catalanes? ¿O de los «tarraconenses» romanos que luego se hicieron «aragoneses», es decir, súbditos todos del Rey de Aragón?]. Y Nebrija tiene buen cuidado de informar al lector que de las tres clases de trigo, ‘robus’, ‘silignis’ y ‘trimestre’, sólo el primero, el rubión de los españoles, se presta para tamizar la flor de harina, y especialmente en Andalucía.
¿En qué podía perjudicar a los teólogos este género de observaciones? Su único objeto era hacer que la interpretación de la Biblia se aprovechase de una ciencia que Plinio reputaba ardua, y en la cual, según el testimonio de sus compañeros, él se había hecho maestro: poner cosas para los nombres y nombres para las cosas, nada más inocente, en verdad.
Leamos hasta aquí. Ese «poner cosas para los nombres y nombres para las cosas» que le hace decir Antonio Alatorre a Marcel Bataillon es el trasunto arromanzado de la frase que Nebrija le atribuye a Plinio y que casi empezaba este apunte:
Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.
Solo que si uno va a la «praefatio» (no «proemium», aunque la variación sinonímica sea menor) de la Historia natural de Plinio, no encuentra esta frase por ningún lado. Y aún les diré que antaño podían darse dudas, porque había que leer las cosas para emitir un juicio, pero en esta nuestra feliz edad informática basta con un Ctrl. + F (si se usa Firefox) para asegurarse de que el feliz eslogan nebrisense no es una ocurrencia pliniana. Por no hacer falta, no hace falta ni leer. Pero no, ¡ay!, en el caso que nos ocupa.
Así que había que leer, confiando en que la solución no estaba muy lejos. Y no lo estaba: bastaba con llegar al párrafo xv de la «praefatio» de la Historia natural:
Res ardua vetustis novitatem dare, novis auctoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem, omnibus vero naturam et naturae suae omnia. Itaque etiam non assecutis voluisse abunde pulchrum atque magnificum est.
Ardua cosa es dar condición de nuevo a lo antiguo, autoridad a lo nuevo, brillantez a lo obsoleto, luz a lo oscuro, gracia a lo repugnante, certidumbre a lo dudoso, a toda cosa una naturaleza que de verdad lo sea y a su naturaleza cada cosa. Así, llegado el caso de no conseguirlo, haberlo querido ya es de sobra hermoso y magnífico.
Pero que tengáis con qué criticarme a sabiendas y con conocimiento, esta es la traducción del mismo fragmento de Plinio que propuso el notable polígrafo Jerónimo de Huerta, publicada en 1624:
Cosa es difícil dar novedad a las cosas viejas, autoridad a las nuevas, lustre a las desusadas, luz a las escuras, gracia a las desgraciadas, y fe a las dudosas; pero más difícil es dar su naturaleza a todas las cosas, y dar a su naturaleza todas las propiedades secretas. Y assí quando esto no se pueda alcançar, o hazer, solo aver querido, es obra grandemente magnífica y bella.
Si lo de arduum est nomina rebus et res nominibus reddere era ya redondo, esto de res ardua vetustis novitatem dare &c. es ya para quitarse el sombrero (si aún lleváramos) y prorrumpir en entusiastas «¡ole, ole y ole!». Pero el caso es que, leído Plinio y entendido, sin que Antonio de Nebrija se vaya muy lejos de la intención del texto del enciclopedista romano, no cita sus palabras: las recrea.
Lo que me llamó la atención es que a nadie le hubiera llamado la atención y descubrir, por mi propia incompetencia de citador, que la competencia de los otros, antes que llevada por la curiosidad, se cimenta en el respeto de la autoridad: la de Antonio de Nebrija, en este caso. Ni Marcel Bataillon, que cita y glosa la cita sin más comentario de atribución que el Plinio que nos asegura Nebrija, ni Max Aub (o, más bien, un profesor de latín que citaba un Plinio apócrifo, leído seguramente tan solo en la recreación nebrisense), ni algún autor en los Papeles celíacos de Son Armadans, ni Américo Castro, ni Germà[n] Colon, ni Antonio Carreño, ni L. Núñez Ladevèze, que lo toma de eslogan erudito como quien toma una recreación de las que nunca han existido en el idioma original pero circulan con alegría entre los sabios. «Se non è vero, è ben trovato», como ejemplo paradigmático de las lenguas modernas.
Todos los citados han recorrido la senda que tendrían que haber recorrido de la mano de Plinio tuertos y bizcos por la autoridad intermediaria de Nebrija. Como yo mismo. Sin caer en la cuenta, ninguno de nosotros, de que el argumento de autoridad no es argumento sino simplemente autoridad y una de las pocas cosas ciertas que se puede decir de la erudición es que será subversiva o no será.
Seguramente haya desmemorias mucho más urgentes que remediar para el buen gobierno de las cosas de este mundo, como no perder los papeles de los susceptibles de ser condenados por afrentas al común consenso de la justicia y al erario de que dispone el gobernante para la promoción del bien común y la búsqueda de la felicidad:
¿Dónde están las cajas con documentación del caso Gürtel que quedaban sin desprecintar a finales de julio y que debían remitirse de Madrid a Valencia, cuando la causa aún estaba abierta? El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid afirma que salieron en su momento, mientras que en el de Valencia dicen que aquí no están.
La documentación afecta a los cabecillas de la trama en Madrid, Francisco Correa y Pablo Crespo, y al gerente de Orange Market, Álvaro Pérez. El juez madrileño consideró que debían ser imputados también en Valencia por los regalos de trajes a autoridades valencianas al tratarse de delitos conexos, como afirmaba la Fiscalía Anticorrupción. Las diligencias fueron archivadas por el TSJ valenciano cinco días después de esta decisión judicial.
El asunto de las cajas siempre ha sido polémico en este caso que afecta al PP de Madrid y que provocó una investigación al presidente Francisco Camps y a otros tres altos cargos del PP valenciano por un delito de cohecho.
(vía la Fam de fum – «infrablog subaltern de d’incontinències i fragilitats» – de Josep Porcar)
evitando de esta manera que los juzgables sean condenados y que los juzgadores, íntimos correligionarios y compadres de los juzgables, se vean en el brete de impartir la justicia que el orden de las cosas exige aunque a sus connivencias privadas y corruptas repugne. Pero la base de las repúblicas ordenadas es precisamente esa, la ceguera de la justicia y la repugnancia de las connivencias, y así debería ordenarse esta nuestra república y su memoria, cimentada en un «ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes». O algo así. Nunca en la desmemoria, en las pérdidas o en los olvidos. O en la autoridad de esa desmemoria.
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«Di, perra mora» de Pedro Guerrero (1528-1599), interpretado por Hespèrion XX con la dirección de Jordi Savall, El Cancionero de Medinaceli, 1516-1556: música en el tiempo de Carlos V, Astrée (Auvidis), n.º de catálogo: E 8764, 1992.
Se busca paleógrafo castellano avezado en letra procesal de finales del xv y principios del xvi. En su defecto, se busca tratamiento psiquiátrico, psicológico, maestro de budismo zen, excelente componedor de cocktails finos o entrenador personal de boxeo (mediopesado tirando a crucero).
«Assedio delle ceneri», foto de Napoli Teatro Festival Italia, 17 de abril de 2009.
«Dicho esto, yo creo que la historia de la cultura escrita es la historia de un naufragio, del cual nos quedan solamente en una playa unos restos y, a través de los mismos, es muy difícil poder evaluar la cuantía… cuantificar en qué consistió todo ese material, ese legado inmenso…».
Elisa Ruiz García, de su ponencia «Hacia una codicología de los manuscritos literarios en la lengua vernácula de la Corona de Castilla» presentada al congresoCódices literarios españoles (Edad Media), 1 de noviembre de 2007.
As I write this, I still have 10 days until the end of my reserve service in the West Bank. It is my first service in the Palestinian territories in nine years. Until then I was a platoon commander in an infantry unit, and served on a regular basis in the West Bank and on Gaza strip, both during mandatory duty and on reserve. Seven years ago I decided I will not take part in the occupation anymore, and refused to enlist to my yearly service. I was sentenced to 28 days in army prison no. 6, and later removed from my commanding post. When the next call came, I was transferred to a civil defense unit (again, as platoon commander), which usually doesn’t carry out such missions. But lately the army changed its policy, and my unit was called for a 26 days service in the Jordan Vally area. Not “hardcore occupation” like the things I used to do in Hebron or Ramallah, but still, inside the West Bank.
«Soldaten spielen Karten Skat», foto de Drakegoodman, 13 de junio de 2009.
En el momento de escribir esto aún me quedan diez días de reservista en Cisjordania. Hacía nueve años que no estaba destinado en los Territorios Palestinos. Hasta entonces estuve al mando de un pelotón en una unidad de infantería, y estuve destinado habitualmente en Cisjordania y la Franja de Gaza, tanto durante el tiempo de mi servicio obligatorio como en funciones de reservista. Hace siete años decidí que no iba a participar nunca más en la Ocupación y me negué a alistarme para mi servicio anual. Me condenaron a 28 días en la prisión militar n.º 6 y me relevaron del mando. A la siguiente convocatoria, me trasladaron a una unidad de protección civil (nuevamente al mando de un pelotón), a la que habitualmente no se le encargan ese tipo de misiones. Pero el Ejército ha cambiado últimamente de política y han destinado a mi unidad a un periodo de 26 días de servicio en la zona del Valle del Jordán. Nada de «ocupación dura», como lo que hacía en Hebrón o en Ramalá pero, eso sí, dentro de Cisjordania.
What do I do here? That’s what I’ve been asking myself in the last two weeks. I don’t think I have the best answers yet, but I will try to share some of my thoughts on the matter here.
My first conclusion is that I just got weak. Nine years ago, after serving in South Mount Hebron, I understood there are no more excuses for taking part in what’s going on there. I explained this to my commanding officers, and when they insisted on calling me to serve, I was willing to do what I though was right. Military prison itself wasn’t that bad, but the whole process was emotionally demanding in a way that none-Israelis might find hard to understand. Explaining my actions to the people I worked with and to my family – repeating the same arguments over and over again – was extremely exhausting. Then, when an officer in my unit was killed in Jenin, confronting the rest of my friends in the army became almost impossible. The truth is I just didn’t want to go through all of this again.
¿Qué hago aquí? Eso es lo que llevo preguntándome desde hace dos semanas. No me parece que haya logrado aún tener las respuestas que convienen, pero trataré a continuación de compartir algunas de mis reflexiones sobre el asunto.
Mi primera conclusión es que, sin más, me he vuelto débil. Hace nueve años, cuando me destinaban a la zona sur del Monte Hebrón, entendí que ya no cabían excusas para seguir tomando parte en lo que allí ocurría. Les expliqué esto a mis superiores al mando y, al insistir en convocarme para el servicio, estaba dispuesto a hacer lo que creía que había que hacer. La prisión militar como tal no fue tan mala pero todo por lo que pasé me exigió enormemente desde un punto de vista emocional, de una manera que los que no sean israelíes encontrarán difícil de entender. Explicarles lo que estaba haciendo a mis compañeros de trabajo y a mi familia (repitiendo los mismos argumentos una y otra vez) resultó tremendamente agotador. Después, cuando mataron a un oficial de mi unidad en Yenín, dar la cara con mis amigos del ejército resultó casi imposible. La verdad es que no quería volver a pasar por todo eso.
I can give here some other excuses against refusing: for example, that since my unit would have gone there anyway, it’s best that I will do the Job, since I might be more sensitive to the Palestinians. But I never liked this kind of rationalization. I believe that the way people behave on uniform has more to do with their character than with their political affiliation. I’ve seen right wing guys who were decent and polite with the Palestinians and so called leftists who were cruel and indifferent. The problem is not with the soldiers themselves, but with the whole situation.
I can argue that refusing doesn’t carry the same political impact as it used to have. Nobody cares much what the diminished left does or say, and there are enough people willing to do the job. Dov Weisglass, PM Ariel Sharon’s consultant, once said Sharon initiated the withdrawal from Gaza because of the Geneva Accord and the refuzniks movement. Such momentum doesn’t exist now. On the other hand, do we choose to engage in political action just because we have a chance to succeed, or because it is the moral thing to do?
«Tsahal girls», foto de Robbie Stapleton, 5 de agosto de 2007.
Puedo dar alguna otra excusa contra el rechazo a servir en el Ejército: por ejemplo, ya que a mi unidad la iban a destinar allí de todas maneras, mejor que me encargara yo mismo del trabajo, ya que tal vez fuera más sensible respecto de los palestinos. Pero nunca me ha gustado este tipo de racionalización. Creo que la forma en que la gente se comporta al llevar un uniforme tiene más que ver con su carácter que con su adscripción política. He visto a tipos de derechas que se mostraban decentes y corteses con los palestinos y a tipos de izquierdas que eran crueles e indiferentes. Lo problemático no son los soldados sino toda la situación.
Estoy dispuesto a afirmar que el rechazo a servir en el ejército no comporta el mismo impacto que antes. A nadie le importa lo que una izquierda capitidisminuida hace o dice, y hay gente de sobra dispuesta a servir. Dov Weisglass, que fue consejero del Primer Ministro Ariel Sharon, dijo una vez que Sharon inició la retirada de Gaza a consecuencia de los Acuerdos de Ginebra y el movimiento de rechazo a alistarse (refuznikim). Tal efervescencia ya no se da. Por otra parte, ¿elegimos comprometernos en la acción política solo porque tenemos alguna oportunidad de tener éxito o porque es lo que moralmente hemos de hacer?
I don’t oppose the army service as a rule, though I am aware of the problematic role the IDF plays in the Israeli society. I like the people I serve with, and I think the service, like paying taxes, is just something you do as a citizen here. I don’t like the idea that someone else will do this for me. The fact that I feel extremely alienated with the current political leadership in Israel – to degree I don’t consider myself a patriot, and I don’t even like the sound of this word anymore – doesn’t change much.
As I said, what I do now is not “hardcore occupation”. We are on the edge of the Palestinian territory, in a very quiet area. Up until the last minute, I was hoping I would be stationed on the Jordanian border and wouldn’t have to deal with the Palestinians myself, but they ended up sending a different company there. No easy way out this time.
So here I am, in the West Bank. Again. It’s been 16 years since my first visit in uniform to the Palestinian territories. Ironically, on the same week I got there, in the summer of 1993, the Oslo accord was signed. We were 18 years old, and we thought the end of the conflict was coming. Some guys on my unit were actually sorry that they wouldn’t get a piece of the action. Well, we certainly got our share since. I’ve been to Nablus, Ramallah, Bethlehem, Hebron, Gaza and some places in between. I took part in the evacuation of Hebron and a few years later, refused to re-enter the West Bank, I protested and even sat in prison, and now I am back at the starting point, patrolling and doing checkpoints as if nothing ever happened. It’s a strange feeling. (…)
No me opongo al servicio militar por principio, aunque sea consciente del papel problemático que juegan las Fuerzas de Defensa de Israel en la sociedad israelí. Me cae bien la gente con la que estoy destinado y creo que el servicio activo, igual que pagar impuestos, es solo una obligación que comporta ser ciudadano de este país. No me gusta la idea de que haya otro que lo haga por mí. Que yo me sienta profundamente ajeno a los actuales dirigentes políticos de Israel (hasta el punto de no considerarme patriota, ni siquiera de que me guste ya cómo suena la palabra) no cambia mucho.
Como ya digo, lo que estoy haciendo no es «ocupación dura». Estamos en el borde del territorio palestino, en una zona muy tranquila. Hasta el último momento tuve la esperanza de que me acuartelaran en la frontera con Jordania y que no tuviera que tratar directamente con los palestinos, pero al final mandaron a otra compañía. Me quedé sin la solución fácil.
Así que aquí estoy, en Cisjordania. Otra vez. Hace dieciséis años de mi primera visita de uniforme a los Territorios Palestinos. Resulta irónico que, la misma semana en que yo llegué entonces aquí, en el verano de 1993, se firmaron los Acuerdos de Oslo. Teníamos dieciocho años y creíamos que el final del conflicto estaba cerca. De hecho, a algunos miembros de mi unidad no les gustaba la idea de que se fueran a perder algo de acción. En fin: hemos tenido de sobra desde entonces. He estado en Nablús, Ramalá, Belén, Hebrón, Gaza y algunos otros sitios entre medias. Participé de la evacuación de Hebrón y, unos años después, negándome a volver a entrar en Cisjordania, protesté e incluso fui a la cárcel, y ahora estoy donde empecé, de patrulla y haciendo controles como si no hubiera pasado nada. Como para sentirse raro. [...]
Noam Sheizaf, «Back in the West Bank (part I)» («De vuelta en Cisjordania (1ª parte)»), Promised Land, 10 de agosto de 2009.
Matthew Locke (c. 1621/1622-1677), «Suite II in D minor – Ayre» (The Consort of Fower Parts), interpretado por Hespèrion XX dirigido por Jordi Savall, L’Esprit de la viole – The spirit of Gambo English consort and solo viol music (1570-1680), Fontalis (Auvidis), n.º de catálogo ES 9913 (1997).
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Hace ya unos días que ronda por aquí una declaración de intenciones bajo el título Ad animum lectoris. Como anda recluida en la esquina superior derecha, se la copio aquí con la esperanza de que así se disipen algunas dudas.
Es nuestra intençión pintar aquí una scolástica universidad, o académica república, o escuela de letras, en imitaçión de la república çevil [=civil] que debujó Platón. Con quánta mayor me ternán a mí por loco atrevido por poner la mano en tan alta pintura, presumiendo el retrato natural de la mesma naturaleza en sí. Por çierto, obra es que me da ocasión a tener de mí mesmo vergüença, pues conozco en mí que intento cosa que sólo el atreverme me infamara. Y prinçipalmente entre tanto varón señalado cuyas letras y juizio mereçen eternal fama en esta presente edad, los quales callan en este propósito, estimando tanto la materia que tienen por mejor nunca tomar el pinçel en la mano que, tomado, faltar en la pintura quando deben mostrar mayor perfeçión.
[…]
Tuve en tanta reverençia tratar esta disputa y sacarla a la luz, que después de tener gran dificultad en el prinçipio, por muchas vezes en el medio determiné a lo dexar, quando en el discurso de mi estudio se me ofreçían cosas convenientes a la materia tan altas en sí que hallaba sobrepujar a mi juizio sin alguna comparaçión. Y así, juzgándome indigno y sin doctrina para las tratar, estuve muchas vezes por dexarlo así, a la discreçión y juizio de los buenos varones, para que de aquellas indigestas y mal començadas palabras sacasen la grandeza de lo que la materia mostraba en sí ser, y que con la imaginaçión supliesen la falta o le diesen el fin. Y forzóme a proseguir esta empresa (quanto quiere que fuese a costa de mi propio interese) ver que en las insignes universidades de Castilla creçen cada día las rentas y premios, y bajan sin comparaçión las letras de los maestros, por lo qual se corrompen los juizios y injenios de los disçípulos; y ésta es tan grande lástima para mí que tengo temor que por tiempo ha de ser bastante a me matar. Y por satisfazer en algo a mi congoja acordé proponer al pueblo la questión, advertiéndolos las causas de donde pueda provenir este daño, porque, vistas por los príncipes y rectores de las universidades, se me remedie si plaziere a Dios. Ni querría mayor galardón de mis continas vigilias y trabajos que despertar en el remedio desta falta a aquellos a cuyo cargo es dado haberlo de proveer.
[…]
Los sabios antiguos preçiábanse de hallar notables reprensores de sus obras y escripturas, y a mi pareçer tenían mucha razón, porque ninguna cosa manifiesta su perfeçión como la que es conoçida por el estímulo del contrario. Y así, aquellos sabios, con temor de ser justamente reprehendidos, procuraban hazer todas sus cosas en toda equidad, y desta manera todas las escripturas de los antiguos son de grande valor y doctrina, porque trabajando de se defender daban causa a se perfeçionar.
[…]
Y no me será pequeño premio ser yo aviso a los que adelante quisieren escrebir a que conozcan ser obligados a me exçeder en el trabajar. Y, en fin, consolarme he con que el tiempo nos departirá y concluirá nuestra contienda, pues basta [a] corromper cosas muy mayores, las quales de razón mereçían eternalmente vivir.
«Prólogo» a El scholástico, atribuido a Cristóbal de Villalón (primera mitad del siglo xvi), edición crítica de José Miguel Martínez Torrejón, Barcelona, Crítica, 1997, págs. 3-6.
Pesa la herencia judía, sin duda. Nueva York es la mayor ciudad judía. Eso carece de importancia en muchos aspectos, porque entre un Woody Allen y un rabino ultraortodoxo de Williamsburg hay un mundo de distancia, pero resulta esencial en algo muy concreto: la devoción por las palabras. Nueva York es talmúdica y mantiene una eterna discusión consigo misma en la que utiliza todos los recursos de la oratoria. De esa escuela colectiva brotan historias de forma inagotable. Yo estoy seguro de conocer a miles de neoyorquinos ya muertos cuya alma permanece viva en las hemerotecas. Me basta leer los reportajes que diariamente, durante más de cincuenta años, publicó un señor tímido, canijo y con gafas llamado Meyer Berger en las páginas locales de «The New York Times». Berger, judío, hijo de inmigrantes checos, nacido en el Lower East Side, fue uno de los mejores periodistas de todos los tiempos, aunque, con excepción de la condena a Al Capone por fraude fiscal, nunca cubriera acontecimientos de primera página. Lo suyo era hablar con la gente y contar lo que ocurría en tal esquina o tal trastienda. Escribió su primera crónica en 1911, a los trece años, sobre un tipo que engulló 257 manzanas de una sentada. Fueron sólo cinco líneas. Pero el comedor de manzanas, como todas las personas que pasaron por la columna de Berger, ganó la inmortalidad. Si Nueva York nos parece tan familiar, es en parte por el trabajo de tipos como Meyer Berger.
Enric González, Historias de Nueva York, 2006.
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«Talmudic discussion» (fragmento), foto de Yossi05, 20 de noviembre de 2006 & «Xarrant xarrant» (fragmento), foto de Elisabetha79, 3 de julio de 2008.
Pôe na mesa a toalha adamascada,
Traz as rosas mais frescas do jardim,
Deita o vinho no copo, corta o pão,
Com a faca de prata e de marfim.
Alguém veio sentar-se á tua mesa,
Alguém a quem não vês, mas que pressentes.
Cruza as mãos no regaço, não perguntes:
Nas perguntas que fazes é que mentes.
Prova depois o vinho, come o pão,
Rasga a palma da mão no caule agudo,
Leva as rosas á fronte, cobre os olhos,
Cumpriste o ritual e sabes tudo.
«IMG_8254bw», foto de Howard Schneider, 23 de marzo de 2008.
Aprendamos el rito
Pon el mantel color naranja claro,
Trae las rosas más frescas del jardín,
Echa el vino en la copa, corta el pan,
Con el cuchillo de plata y de marfil.
Alguien ha venido a sentársete a la mesa,
Alguien a quien no ves pero presientes.
Cruza las manos en el regazo, no preguntes:
Justo al hacer esas preguntas, mientes.
Prueba luego el vino, cómete el pan,
Rasga la palma de la mano en el agudo tallo,
Llévate las rosas a la frente, tapa los ojos,
Cumpliste el ritual y todo sabes.
Como cada vez que he oído últimamente a Luis Fernando Bernabé Pons, salgo muy enseñado y contento. Además, hoy actuaba a dúo con Jorge Gil Herrera. Me han sacado de dudas: en dirección al Magreb o a Francia, en lo que ellos han denominado las «rutas de huida» de los moriscos, antes de las expulsiones que empezaron en 1609, se daba la constante de la intervención de los judeoconversos (que es el término que ellos han empleado). No por solidaridad «entre minorías», como ha explicado Luis Bernabé en el turno de preguntas, sino por una cuestión mera, pero no por merina menos interesante, de cuartos, reales, perras gordas y chicas, pasta, parné: vil metal en suma, a veces notoriamente vil como en el caso del célebre caso de falsificación de moneda que debería haber entrado en España (ah, ¿que no se me habían enterado ustedes? Sí, España existió seis décadas entre finales del xvi y mediados del xvii) por obra y cábala de moriscos residentes en Francia.
En el mismo turno de preguntas, me he quedado con la cifra que una rica familia morisca (no: ninguno de los tres términos es un oxímoron del otro) pretendía sacar de la Península: 18.000 ducados. Unos pobres parias, claro, sí, ya se sabe. Pobrecitos. Criaturas. Arcaicos, analfabetos, metidicos ahí en su mundo. Lo mismo en Valencia que en Granada, lo mismo en Castilla que en Aragón, sin que nada de esto quiera decir que moriscos valencianos, granadinos, castellanos o aragoneses eran lo mismo. Ni mucho menos. Pero, oigan, 18.000 ducados. Que eran… como decirles… eran… Mogollón.
Siempre he dicho que Alfonso de Zamora limita, al sur, con los manuscritos aljamiados; a levante, con los impresos griegos en España; a poniente, con las tradiciones librarias de los judíos portugueses; y al norte, con la polémica erasmiana. Las vacaciones, las pasó en Italia, sin haberse movido jamás – que se sepa. Y si no lo sé yo… – de Zamora, Salamanca y Alcalá. Cualquier cosa que haga para entender esas fronteras de la patria alfonsina no será en balde para entenderlo.
Lo último: la última. ¿Qué tendrá esta etimológica mal baisée para querer dejar claro la jerarquía, el dominio, el sultanismo pretéritamente colegiado, la altanera componenda de funcionaca de alto standing? ¿La insoportable levedad de ser lo que se es y no lo que se hubiera querido y nada más?
En fin, antes de la segunda parte selecta de mañana (que no dan las horas para todo, ni los quereres, ni los aguantes), pongámonos de nuevo con el amigo Alfonso, que al final me van a sacar coplas:
Guenizá de notas, informaciones, datos, sorpresas y serendipias sobre el maestro Alfonso de Zamora (ca. 1474-ca. 1545), primer regente de la cátedra de Hebreo de la Universidad Complutense cisneriana y sobre las circunstancias de la tesis doctoral que le dedico.