julio 2009


שְׂמֹאלוֹ תַּחַת לְרֹאשִׁי וִימִינוֹ תְּחַבְּקֵנִי

Cantar de los Cantares, cap. ii, vers. 6

6. La izquierda

Prosigue la enamorada Esposa demandando

'y... Despertar', foto de ^mAsHiTa^, 30 de junio de 2008.

'y... Despertar', foto de ^mAsHiTa^, 30 de junio de 2008.

socorros para su desmayo. El natural remedio para los que se desmayan de amores es verse juntos y asidos a los que aman y que les muestren favor y señal de amor; porque de allí les viene su trabajo, y de lo mismo les ha de venir su remedio y descanso. Y así la Esposa, estando ya caída en el desmayo, pide a su Esposo que se llegue a ella, y la sustente y ciña con sus brazos. Y no fue en esto negligente el Esposo en lo que dice la Esposa, que el Esposo, visto su desmayo, acudió luego y la tomó en sus brazos; que se hace, conforme a ella pide, poniendo el brazo izquierdo debajo de la cabeza, y abrazando con el brazo derecho. Porque es natural después del desmayo seguirse el sueño, con que torna en sí y se repara la virtud cansada con la pasada lucha.

Fray Luis de León, Cantar de los cantares de Salomón, texto modernizado de José Manuel Blecua (Madrid, Gredos, 1994), reedición de Javier San José Lera, Salamanca, Ediciones Universidad, 2002.

Diego Espino de Cáceres, Instruction y reglas para passar en la facultad de Canones, y Leyes, Salamanca, en casa de Iuan y Andres Renaut Impressores, 1591.

Diego Espino de Cáceres, Instruction y reglas para passar en la facultad de Canones, y Leyes, Salamanca, en casa de Iuan y Andres Renaut Impressores, 1591.

Ahora sí que toca cuenta atrás: mañana acaba mi primera estancia salmantina y los manuscritos n.º 1, 2, 3, 6, 589, 590 y 2170 de la Biblioteca General Histórica de la Universidad y el menda no nos volveremos a ver hasta mediados de septiembre, en que reabran, se supone que más limpios que una patena después de las obras. Esta mañana, tempranero, he ido de modestas compras: la Glosa castellana de Fray Luis al Cantar de los Cantares al irresistible precio de tres euritos; una descripción más o menos pertinente de los patios que han acogido mis jornadas bibliotecarias desde hace tres semanas y un capricho. El capricho es una selección (brevísima) del ms. nº 702 de la librería de esta alma mater castellana: los 173 folios (o 199) a los que Luis Emilio Rodríguez-San Pedro Bezares dio en 1987 el título de Vida, aspiraciones y fracasos de un estudiante de Salamanca: el diario de Gaspar Ramos Ortiz (1568-1569). ¿Quién fue este Gaspar? Nadie (como somos todos): un estudiante de leyes por imposición paterna en la Salamanca unas tres generaciones posterior a la época de Alfonso de Zamora (cuyo último colofón es de 1545, como ya ha quedado dicho por aquí).

Y un rematado estudiante universitario, como debe serse, diga usted que sí:

Advertir que siempre yo dije y requerí a mi padre que no quería estudiar, y que si lo hize fue porque no me quería sustentar en otra parte ni tenerme en su casa, y por no morir de hambre vine a el Estudio.

Advertir que si yo dejé el Estudio fue por causa de mi padre, y no me querer después de averme llebado a él sustentar, como pareçerá por los tres meses postreros que están en este libro.[...]

I.H.S (=Iesus hominum salvator: «Jesús, salvador de los hombres») † S. María. En este libro está la raçón de los m[aravedís] que yo Gaspar Ortiz, hijo legítimo de los muy m[agnificos] mis señores padres Balthasar Ramos Ortiz y Catalina Alvarez su muger que aya gloria, voy gastando y pagando en esta Universidad de Salamanca, estando en ella estudiando desde postrero de junio del año de I U DLX y ocho, que me hubo dejado para el dicho efecto el dicho mi padre en esta dicha Universidad, y lo que voy gastando y pagando de mis alimentos y adereço de mi persona desde el dicho día en adelante es lo siguiente […].

Todas estas partidas contenidas en las diez fojas antes desta y en ésta las tiene pasadas en quenta mi señor padre, y él está obligado a pagarlo, y así lo tiene fecho fasta fin de março de MDLX y nuebe; y ni más ni menos ha de haçer y pagar el gasto de abril, mayo, junio, julio y agosto, que son çinco meses, porque está obligado a haçerlo según y como lo reça el prinçipio y cabeza de las cartas de pago que yo tengo dadas a Juan Gómez, mesonero en el mesón de las Escuelas de Salamanca.

Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. n.º 702, folios 3, lado verso-14, lado recto.

«Domine [, en?] in furore tuo arguas me»
Señor, en tu furor [¿no?] me recrimines.
Salmo 6

Según dice el volumen ii del Catálogo de manuscritos de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, esa frase es el explicit (en el folio 485, lado recto) del manuscrito n.º 2770 de la célebre librería cabe el Tormes (río no menos célebre que la tal librería, aunque solo sea por haber prohijado en sus aguas al Lazarillo, que otros quieren avalencianar y, por tanto, acatalanar à la Fuster, con el mismo seso que vergüenza: ninguna).

Ir con prisa tiene cosas buenas (pocas) y malas (muchas). Como a mí me quedan dos días útiles escasos de mis tres semanas salmantinas, la prisa ya es notable. Igual que las prisas, los índices manifiestamente mediocres del catálogo de manuscritos, obra por otra parte tan magna, de la Universidad salmantina (pública, que además y no menos monumental que la una está la otra) tienen alguna virtud:

'Ex cathedra', foto de Joe Thorn, 1 de octubre de 2008

'Ex cathedra', foto de Joe Thorn, 1 de octubre de 2008

permiten serendipias como notar el comentario, glosa o nota que viene a continuación del explicit citado, que parece serlo de una glosa de Fernando Tricio (ca. 1516-1578) [vamos, que digo yo que será este obispo] a los tres primeros capítulos de las Epístola de [san] Pablo a los Hebreos (F.do Tricio Glossa super I-III capitula epistulae Pauli ad Hebreos), que debió de tomarse como apuntes de clase en la Universidad de Salamanca sobre 1542, más o menos (clases que quizá fueron de Francisco de Vitoria, ahí es nada). Bueno, la cosa que me ha llamado la atención y que he tenido que desatender por dos razones, falta de tiempo e imposibilidad de pedir más manuscritos que los que uno tiene reservados (porque los almacenes de la Biblioteca General Histórica están a punto de cerrar por obras hasta mediados de septiembre), es el remate siguiente del manuscrito (parece):

Aqui dexo de leer el reverendo maestro Triçio porque el licenciado Salazar pidio al rector las liçiones que restaban de la mitad de la bacatura de la catreda de biblia, no por hacer probecho a los oyentes sino para ganar su bolsa, y ansi como a negro no le oya hombre liçion ninguna.

No sabe uno de qué admirarse más: si del racismo tan declarado y manifiesto o de la constatación de que las mejores tradiciones universitarias gocen, ayer, hoy y siempre, de tan buena salud pese a lo que diga el clásico, o tal vez precisamente porque lo dice:

Mudan los tiempos, mudan voluntades,
Múdase el ser, múdase la confianza;
Todo el mundo se compone de mudanza
Tornando siempre nuevas cualidades.

Continuamente vemos novedades,
Distintas en todo de esperanza;
Del mal quedan las penas recordadas
Y del bien, si hubo alguno, las añoranzas.

Los suelos cubre el tiempo, verde manto
Que cubierto ya fue de nieve fría
Y en mí convierte en lloro el dulce canto.

Y, salvo esta mudanza cada día,
Otro mudarse causa mayor espanto:
Que no múdase ya como solía.

Pues yo iba a hablarles de otra cosa, ciertamente marginal, pero oigan, ya ven, casi cambio de tercio:

A lot of what the new wave of “contextual Talmudists” do, is make connections between textual (that is, non-material) things and probe their significance. It’s a messy business and often difficult to argue or articulate what is a parallel worth pursuing and what is a strangely coincidental set of characteristics. The problem plagues virtually every area of comparative historical research, but particularly of ancient times and even when physical objects are being considered. If everything in the room that I am now sitting in will vanish (as it one day will), save for a few, arbitrary objects, will anyone be able to reconstruct the feeling of sitting where I sit and breathing the air I breathe, watching the flashes of lightening across a charred gotham sky, the pitter-patter of a soaking summer rain on the fast streets below? And yet scholars do it all the time, and occasionally get somewhere with the few things that remain. Of course the interest in not in the texture of banal living, but in the world of thoughts, ideas, and religion. Against all odds, even this sometimes works.

mss Napoles seleccion

Manuscrito (ahora) de Nápoles, copiado por Alfonso de Zamora.

Why is it amazing, then, to caress a piece of clay in the palm of your hand, hold it up against a page, and realize that a Zoroastrian bureaucrat stamped his seal here and there, and authorized a set of documents which transacted a field in the foothills of the Alborz range? The peculiar human desire to traverse the distances until it reaches that “foreign country.” The true mystery of scholarship.

Mucho de lo que la nueva ola de «talmudistas del contexto» hacemos es relacionar cosas textuales (es decir, inmateriales) y confirmar su relevancia. No es nada fácil y, no pocas veces, resulta difícil dar argumentos o establecer qué paralelismos merece la pena seguir frente a lo que no es más que un conjunto de características extrañamente coincidentes. Este problema afecta en la práctica a casi cualquier ámbito de la metodología comparativa de la historia, pero más si cabe en Historia Antigua e incluso cuando se estudian objetos físicos. Si todo lo que hay en la habitación donde me encuentro ahora, desaparecerá (como ocurrirá algún día), salvo unos pocos objetos de forma arbitraria, ¿podrá alguien reconstruir qué se siente al estar aquí donde estoy y respirar el aire que respiro, viendo los destellos de relámpagos por el cielo calcinado de Nueva York, el chapoteo de un chubasco estival en las veloces calles ahí abajo? Y sin embargo los investigadores no dejan nunca de hacerlo, y de vez cuando consiguen llegar a algo con lo poco que ha quedado. Claro está que lo interesante no es la urdimbre de la banalidad cotidiana sino el mundo del pensamiento, las ideas y la religión. Contra lo que pueda imaginarse, hasta eso funciona a veces.

¿Por qué sorprende tanto entonces tentar un trozo de arcilla en la palma de la mano, sostenerla frente a una página y caer en la cuenta de que un burócrata zoroastriano estampó su sello aquí y allí, y autenticó una serie de documentos de compraventa de unos campos en las laderas de la cordillera de Elburz? El curioso anhelo humano de atraversar las distancias hasta alcanzar la frontera de ese «país extranjero». El verdadero misterio de la investigación.

Shai, «Department of Sigillography», The Talmud Blog (cuya primera noticia me la dio el mozo de los manuscritos), 26 de julio de 2009.

«I feel alive», del disco Ashfield Avenue de Alondra Bentley, 2009 (conocido a través del blog de Begoña Martínez).

[Valladolid, 30 de noviembre de 1492]: «Yuçé aben Farax, judío, e para Pedro Osorio, su hijo, contra Ioham de la Rúa, de Salamanca»

Valladolid, Archivo de la Real Chancillería, Ejecutorias, legajo 45 (antiguo 23), citado en Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, Salamanca, Universidad Pontificia y Granada, Universidad, 1981, vol. I: Provincia de Salamanca, pág. 135, § 386.

sello-maimonides

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, España, 1967.

A veces asombra contemplar la desproporcionada e ininterrumpida producción bibliográfica, cuyo resultado se reduce a centenares de páginas dedicadas a temas de nuestra historia enormemente atractivos: Inquisición, conversos, estatutos de pureza de sangre, mesianismo, alumbrados, erasmismo… Y en no pocas ocasiones gravitan sobre un término tan polémico como desfigurado: judío, a quien a menudo le falta un nombre y le sobran leyendas.

Cualquier estudio sobre el judaísmo castellano durante la amplia época a la que convencionalmente se la suele designar como medieval ha de basarse en principio sobre fundamentos documentales. Este es, sin duda, el primer paso: más tarde y aplicando los variopintos métodos de interpretación histórica hoy – o mañana – más usuales, tal vez podrán comprenderse múltiples facetas que ahora pueden parecernos oscuras o hipotéticas. Los documentos, aunque discrepen de los postulados que con inflexible rigidez tratan de mantener algunos teorizantes, serán los que ofrezcan la primera – y acaso la última y definitiva afirmación.

Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, vol. I: Provincia de Salamanca, Salamanca y Granada, 1981, pág. 9

The general climate of public and academic opinion during the last few years has not become more favourable to the field and method of study represented by these volumes. Historical studies have been heavily infiltrated by political and ideological, journalistic and faddish concerns, and historical documentation and philological scholarship are held in contempt in the name of “commitment”. It is usually not spelled out to what we are commited and it seems to be forgotten that we might be committed to very wrong and harmful ideas and causes.

I have therefore ventured to choose as the motto for this volume a phrase from a letter I once wrote on these matters to a French colleague [“le seul engagement digne d'un savant c'est l'engagement envers la vérité ou au moins envers la recherche de la vérité”].

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

El clima general de la opinión pública y del mundo académico no se ha hecho más favorable, en los últimos años, a la disciplina y el método de estudio que representan estos volúmenes. Se han introducido hasta el tuétano de los estudios históricos preocupaciones de índole política e ideológica, periodística y volátil, por las que se miran con desdén los documentos históricos y la ciencia filológica en nombre del «compromiso». No se suele especificar a qué estamos comprometidos y parece echarse en el olvido que puede darse el caso de que estemos comprometidos con ideas y naturalezas profundamente erróneas y dañinas.

En consecuencia, me he atrevido a elegir como emblema de este volumen una frase de una carta que le escribí una vez a un colega francés [«El único compromiso digno de un erudito es el de comprometerse con la verdad o, al menos, con la búsqueda de la verdad»].

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol. iv: Great Britain to Spain (Alia itinera, ii), 1989 (prólogo fechado en 1987), pág. xviii.

The climate of public and academic opinion has not changed since 1987 when I described it in the preface to Volume IV. If anything, it has become worse in its obsession with faddish ideas and its contempt for solid scholarship. I trust my motto from Epicurus is pertinent [“An opinion is valid when it is confirmed and not refuted by the evidence of a sense perception”], for also the opinion of a historian is valid only when it is confirmed and not refuted by bibliographical, documentary and textual evidence. An opinion that does not stand this test should be rejected, however appealing for political or other reasons. I hope this modest compilation will help to put an end to many wrong opinions and to restore “traditional” scholarship to its right place.

Maimonides-stampEl clima de la opinión pública y del mundo académico no ha cambiado desde 1987 cuando lo describí en el prólogo al volumen IV. Más bien ha ido a peor la obsesión por las ideas volátiles y el desdén por la sólida ciencia. Confío en que el lema que tomé de Epicuro sigue siendo pertinente [«Una opinión es válida cuando la confirma y no la desmiente la evidencia de lo que perciben los sentidos»], ya que la opinión de un historiador es asimismo válida solo cuando la confirma y no la desmiente la evidencia bibliográfica, documental o textual. Cualquier opinión que no superara semejante examen debería ser rechazada, por muy atractiva que resultara por razones políticas o de otro género. Espero que esta modesta compilación ayudará a acabar con muchas opiniones erróneas y a devolver a la erudición «tradicional» el lugar que le corresponde.

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol.v: Sweden to Yugoslavia, Utopia and Supplement to Italy (A-F) (Alia itinera, iii & Italy, iii), 1990, pág. xix.

«Idilio», foto de Priciosa, 21 de marzo de 2008.

«Idilio», foto de Priciosa, 21 de marzo de 2008.

Alta noite já se ia, ninguém na estrada andava
No caminho que ninguém caminha, alta noite já se ia
Ninguém com os pés na água
Nenhuma pessoa sozinha ia
Nenhuma pessoa vinha
Nem a manhãzinha, nem a madrugada
Nem a estrela-guia, nem a estrela-d’alva.

«Salamanca noche Universidad», foto de Julio Alonso Arévalo, 17 de enero de 2009.

«Salamanca noche Universidad», foto de Julio Alonso Arévalo, 17 de enero de 2009.

Andaba la noche ya entrada, nadie por la calle estaba
En el camino que nadie camina,
la noche andaba ya entrada
Nadie con los pies en el agua
Ninguna persona a solas iba
Ninguna persona venía
Ni la mañanita, ni la madrugada
Ni la estrella que guía, ni el lucero del alba.

Marisa Monte (letra y música de Arnaldo Antunes), «Alta noite», Verde, anil, amarelo, cor-de-rosa e carvão, 1994.

Σωκράτης

δεινὸν γάρ που, ὠ̂ Φαι̂δρε, του̂τ’ ἔχει γραφή, καὶ ὡς ἀληθω̂ς ὅμοιον ζωγραφίᾳ. καὶ γὰρ τὰ ἐκείνης ἔκγονα ἕστηκε μὲν ὡς ζω̂ντα, ἐὰν δ’ ἀνέρῃ τι, σεμνω̂ς πάνυ σιγᾳ̂. ταὐτὸν δὲ καὶ οἱ λόγοι: δόξαις μὲν ἂν ὥς τι φρονου̂ντας αὐτοὺς λέγειν, ἐὰν δέ τι ἔρῃ τω̂ν λεγομένων βουλόμενος μαθει̂ν, ἕν τι σημαίνει μόνον ταὐτὸν ἀεί. ὅταν δὲ ἅπαξ γραφῃ̂, κυλινδει̂ται μὲν πανταχου̂ πα̂ς λόγος ὁμοίως παρὰ τοι̂ς ἐπαί̈ουσιν, ὡς δ’ αὕτως παρ’ οἱ̂ς οὐδὲν προσήκει, καὶ οὐκ ἐπίσταται λέγειν οἱ̂ς δει̂ γε καὶ μή. πλημμελούμενος δὲ καὶ οὐκ ἐν δίκῃ λοιδορηθεὶς του̂ πατρὸς ἀεὶ δει̂ται βοηθου̂: αὐτὸς γὰρ οὔτ’ ἀμύνασθαι οὔτε βοηθη̂σαι δυνατὸς αὑτῳ̂.

Φαι̂δρος

καὶ ταυ̂τά σοι ὀρθότατα εἴρηται.

Juan de Jarava, La philosophia natural brevemente tratada y con mucha diligencia, Amberes, Martín Nucio, 1546, BUCM, BH MED 49 Ej. 1

Juan de Jarava, La philosophia natural brevemente tratada y con mucha diligencia, Amberes, Martín Nucio, 1546, BUCM, BH MED 49 Ej. 1

Sócrates

Este es, mi querido Fedro, el inconveniente, así de la escritura como de la pintura; las producciones de este último arte parecen vivas, pero interrogadlas, y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que contienen y os responden siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre ; porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse.

Fedro

Tienes también razón.

Platón, Fedro, 275d-e, traducción de Patricio de Azcárate, Obras completas de Platón, Madrid, Medina y Navarro Editores, 1871, tomo 2.

Election 2009 ???, foto de vivb01, 21 de marzo de 2008.

Election 2009 ???, foto de vivb01, 21 de marzo de 2008.

Creo que era, orilla los que salen al fondo, a la izquierda de la foto, el tercero derecha. Mi balcón, digo. Lo demás no ha cambiado mucho. La literatura popular, por ejemplo:

Los directivos y trabajadores del Hotel ‘La Jetée’ de La Goleta apoyan la candidatura de Su Excelencia Zin el Abidín Ben Alí a las elecciones presidenciales de 2009.

En 2009 como en 2004, en 1999, en 1994, en 1989… Ya se sabe: tradiciones populares

De la botanica transterrada

«The First Letter from the Exiled Botanist», foto de Magic Fly Paula, 30 de septiembre de 2007

בצאת ישראל ממצרים בית יעקב מעם לעז

«Al salir Israel de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo que hablaba extranjero» (Salmo cxiv)

Ya lo decíamos ayer: la permanente incredulidad en que se instala quien se ve forzado, felizmente o no, a tener que adueñarse de una lengua que no es la propia. No recurriré al tópico facilón de que tal cosa es una condición harto judía. Vayan ustedes a ilustrarse sobre el particular a otra parte, que ejemplos sobran. Me voy a regodear, si me lo permiten, en la serendipia. Buscando como responder a Alexandre, me he dado de bruces con un poema de José María Valverde. Si, hombre (y mujer), sí: el de nulla aesthetica sine ethica, el de las traducciones castellanas de Shakespeare. Tanto me he visto en el poema (y tan poco, a la vez, por una indisimulada tendencia personal a no sentirse del todo extraño en casi ningún sitio ni lengua que sean ‘extranjeros’), que habla de cuando los transterrados se descubren inevitablemente afásicos, que lo vamos a utilizar como primer capítulo de toda una nueva categoría: los dimes y diretes del aprendizaje y enseñanza (dos cosas no necesariamente relacionadas) de las lenguas forasteras. En doble homenaje a una expresión del catalán popular aunque latinado de Mallorca («En Toni m’ha dit que, si no li pagues, vendrà a ca teva i te’n farà una de pòpulo bàrbaro») y a una nada sutil referencia al libro más deleitoso que produjo la erudición clásica sefardí, llamaremos a la categoría De populo barbaro. Al fin y al cabo, quizá sea verdad que la llegada de los bárbaros nos arreglara siempre más problemas de los que nos crea.

Maduro ya de edad y de poesía
te has mudado a un país de lengua ajena,
y no es vivir. Lo que ellos aquí dicen,
como respirar, fácil, rico, exacto,
tú intentas remedarlo con esfuerzo,
y oyes tu voz, ridícula y extraña,
fallar lo que aquí un niño siempre acierta,
hasta acabar diciendo algo no tuyo.
Ahora te es ajeno hasta el paisaje:
no te habla a ti: hasta el pájaro y el árbol
y el río te escatiman las leyendas
que aquí envuelven sus nombres -en ti, rótulos-.
En vano te sonríen los demás,
corteses, y aun amigos, animándote
desde la lengua en que ellos son los amos:
no aciertas a quererles: se te olvidan:
el fondo de tu espíritu no late
si no vive en la lengua que es tu historia.

José María Valverde, «La torre de Babel cae sobre el poeta», Ser de palabra (1973).

Coda cavafiana: Sobre lo de los anhelados bárbaros que no comparecen, el original griego (ortografía demótica); el griego tan original que fue el alejandrino Cavafis recitando el poema; una traducción española (¿de Ramón Irigoyen?); otra catalana de Carles Riba; la opinión de Josep Pla -en catalán- sobre el particular; y otra inglesa, de Dios sabe quién.

Cada cual tiene sus recuerdos: yo también, por si no hubiera quedado bastante claro hasta ahora. Hago trampa, eso sí: en la palabra «recuerdos» solo incluyo los recuerdos buenos, esos que, al recordarlos, como escribir, calman.

Fue al principio de la última vez que llevé a cabo un ejercicio del que tengo cierta costumbre: mudarme a una ciudad nueva, a un país nuevo y a una lengua nueva. La ciudad era París; el país, Francia y la lengua, el francés, aunque no puedo decir en honor a la verdad que me pareciera una lengua especialmente nueva para mí. Solo al vivir en París, me fui dando cuenta de lo equivocado que estaba – obvio – y de lo que cuesta, siempre, pasar del estadio de balbuceo al estadio de permanente incredulidad que le proporciona a uno instalarse en una lengua que no es ninguna de las suyas primeras (y volver a practicar la materna, para incredulidad de los que no la han abandonado nunca ni se les ha pasado por la cabeza que el mundo pueda describirse con otras palabras que las propias).

Fue una tarde (pensado a la española: para el resto del mundo, civilizado o incivilizado, ya sería noche cerrada) y fue en la cocina (así que me supongo que estaría preparando la cena para la hora de ver a PPDA). Por casualidad, había caído en el dial de Radio Orient, la emisora principalmente en árabe de la ciudad. Y empezó a sonar la oración del magreb, la oración del ocaso. Y de repente me vi en Túnez, en La Goleta y en Ramadán, unos años atrás. En el café al lado de casa (acabábamos de llegar del centro) nos pilló la hora del ftur y nos trajeron unos dátiles y unos vasos de lben.

Y rompimos el ayuno, que guardábamos en público porque en todo momento nos parecía que era lo que había que hacer.

Y el caso es que, por poco que durara esa llamada a la oración del crepúsculo en París, yo me encontré en calma. Siempre me había pasado de antes, pero sospecho que el almuédano de la Gran Mezquita de París (cuyo pergüeño a la oración era el retransmitido por Radio Orient/Iḏāʕatu ššarq), que estaba dotado de una voz particularmente bella, me llevó de repente a un recuerdo que, vaya usted a saber por qué, también me ha resultado siempre particularmente bello: el de mi primer Ramadán en Túnez.

Supongo que habrá una ley general de la atracción por las ceremonias religiosas para los que somos reaccionariamente laicos. Debería existir una ley universal de la prudencia antes de opinar de un rito religioso: vívalo usted y luego opine. Yo, tal cosa he procurado siempre, principalmente para criticarlo después.

Admito, eso sí, una querencia especial por las ceremonias que dividen el tiempo (como el sábado judío, si hubiera que poner un ejemplo por antonomasia). Confieso que frecuentaría con gusto misas del gallo, rupturas del ayuno y, ya lo he dicho, ceremonias de bienvenida y despedida del sábado judío. También tengo una irrefrenable atracción por la Pascua judía. Pero hoy, como toca salir, me ha parecido que era buena idea traeros una primera entrega de una señora que comparecerá con cierta frecuencia por aquí. A continuación, os dejo traducida al castellano la letra completa del poema litúrgico que canta doña Ofra (coloreando de gris la parte que no canta).

Estamos en el momento de las «postrimerías del sábado» (o, más literalmente, de «las salidas del sábado»): מוצאי שבת, moṣaʔe šabbat.

«Havdala Service», foto de macintoshlover101, 11 de agosto de 2007.

«Havdala Service», foto de macintoshlover101, 11 de agosto de 2007.

La luz y las fragrancias es lo que ansía mi alma, / ¡si me dierais un vaso de vino para este final del sábado! / ¡Pavimentadme las sendas, dirigid bien a la desviada, / abridme las puertas, ángeles de lo alto! / Temerosa de corazón alzaré los ojos a Dios / que me provee día y noche de lo que preciso. / Tanto como me falta, dame de los tesoros de tu bondad, / porque tu piedad no tiene final ni remate. / Renueva mi alegría, mi sustento y mi bienestar / y elimina mis aflicciones, mis quebrantos y mis horas de oscuridad. / Llegan los días de labor, siempre renovados: / que en ellos se renueven lo bueno y la paz (final).

Sæʕadyah ben ʕamram, Yemen siglo xvii.

La que canta es Ofra Haza, claro. El programa, no tengo ni idea, porque yo no tenía diez años en el Israel de los setenta: los tenía en la España de los ochenta. La ceremonia para la que se canta la canción es la havdalá, que despide el sábado y da la bienvenida a la semana.

En fin, bendito seas, Señor, que separas lo sagrado de lo profano y «semanada clara y buena» para todos, en sentido estrictamente sabático.

Quire ceiling

«Quire ceiling», foto de Zoreil, 3 de enero de 2009

Cuando despertó, los cuadernos del manuscrito n.º 6 de Salamanca seguían ahí. Y había que seguir contándolos.

Durante el proceso de estudio de un ejemplar, el examen del tipo y estado de conservación de los cuadernos que lo conforman constituye una operación en extremo importante. Tal indagación tiene carácter prioritario ya que revela la estructura del manuscrito y su situación actual. Simultáneamente, esta tarea permite colacionar los componentes, esto es, controlar el número y sucesión de los cuadernos y folios del mismo.
Los especialistas han ideado diversos sistemas para representar gráficamente la composición del cuerpo de un manuscrito. Dos son los procedimientos sintéticos más frecuentes utilizados. El primero consiste en una combinación de elementos numéricos y verbales. Bajo una simple formulación se expresan, mediante una cifra inicial, la cantidad de cuadernos correlativos de una misma clase, a continuación la denominación tipológica y, por último, el número del folio que cierra la serie en cuestión, indicado entre paréntesis. Por ejemplo: 10 cuaterniones (80). Si hay alguna observación que hacer se incluirá sistemáticamente en dicho paréntesis: 10 cuaterniones (80, de los cuales falta el folio 34). Todas estas indicaciones se pondrán unas tras otras, a fin de que se represente gráficamente la sucesión de los cuadernos en el interior del manuscrito, por ejemplo: 10 cuaterniones (80); dos duernos (88), etcétera.
El segundo procedimiento, empleado particularmente por H. Hunger, es totalmente aritmético y sigue en esencia la pauta del modelo anterior. La única novedad consiste en evitar el empleo de la voz denominativa del tipo de cuaderno y en sustituirla por el guarismo correspondiente. De tal modo, el ejemplo anterior se expresaría de la forma siguiente: 10 x 8 (80); 2 x 4 (88), etcétera. Como se puede apreciar, la diferencia entre ambos métodos es mínima. Preferimos el primero a causa de su mayor claridad.

Este tipo de descripción se debe reservar para aquellos manuscritos que presentan una estructura muy clara y sin problemas. De no ser así, aconsejamos seguir una vía que permita visualizar la estructura mediante un diagrama. Esta opción viene exigida por la propia naturaleza y función del libro, el cual no es otra cosa que el soporte físico de un acto comunicativo de cierta extensión, expresado mediante signos gráficos (escriturarios y/o icónicos). Un examen meramente paleográfico o codicológico del mismo suipondría una visión monocular del objeto estudiado. Otro tanto ocurriría si exclusivamente se prestase atención al mensaje transmitido. En el manuscrito la forma material y el contenido son indisolubles y mutuamente se interrelacionan. El doble aspecto de la cuestión no se debe perder de vista a la hora de analizar un ejemplar.

[…]

En efecto, las alteraciones sufridas por el manuscrito con el paso del tiempo –y detectadas gracias al procedimiento de examen puesto en práctica– tienen una incidencia en el contenido de la obra copiada. Siguiendo las indicaciones del esquema realizado, se pueden localizar las lagunas textuales producidas por pérdida o transposición de folios y, asimismo, comprobar la extensión de las secuencias mutiladas. Este aspecto es muy importante en las tareas de catalogación. […] Los resultados de la aplicación de este procedimiento en nuestros trabajos de descripción de manuscritos han sido muy positivos y confirman de manera empírica la viabilidad del método empleado.

[Nota 2: La palabra «cuaderno» procede de la voz latina ‘quadernus’, ya que en un primer momento al nombre se aplicaba a la unidad usual de composición, formada por cuatro bifolios. Más tarde, y por extensión, este vocablo se usó impropiamente para designar cualquier tipo de agrupación de bifolios con independencia de su número. Quedan huellas en muchas lenguas europeas de este mismo campo semántico: «cahier», «quire», «quaderno», etcétera. Desde un punto de vista etimológico resultaría más adecuado el empleo del sustantivo «fascículo», puesto que evoca la idea de una reunión de objetos unidos por un vínculo. […]

Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002 (segunda edición), págs. 168, 169, 172 y 173.

חרוז מספר ימי החדשים

ל טראי נובימברי

אבריל ג’וניו שיטימברי

די כח אי אונו

לוש אוטרוש אטרינטה אי אונו

Rima del número de días de los meses

30 trae noviembre
abril, junio, septiembre
de 28 hay uno
los otros a treinta y uno.

Alfonso de Zamora, Salamanca, Biblioteca General Histórica de la Universidad, ms. 6, folio 2 recto.

«Tempus fugit», foto de V. Castelo, 1 de marzo de 2009

«Tempus fugit», foto de V. Castelo, 1 de marzo de 2009

3025811569_66c1f29b8cDebe de ser Salamanca, que me inspira. Ayer decidí cuál iba a ser el lema de mi tesis: tratará de los límites de la interpretación. Ahora, a ver cómo se lo toman. No es que me dé igual, claro, pero ando un tantico resabiado y de momento me conforta pensar cómo me lo tomo yo. Andaba fluido ayer, y eso que tardé bastante más de lo que pensaba (de hecho todo el día, en su abreviada versión horaria estival, de nueve a dos de la tarde, con fondo de campanas de catedral) en cogerle la sisa a los manuscritos 589 y 590, extremadamente bellos (en fin, moderando entusiasmos de especialista, claro). Además, con el de Nápoles y con el 2170 de aquí, me confirmó la sospecha de la tipología común (y de lo mucho que trabajaba este Alfonso de mis dolores).

Aparte, para el cuaderno de N. (ya me suponía yo que Salamanca le iba a hacer una mica d’oig): «convencerla de las bondades de esta famosa ciudad del Tormes» y, si se dejara, tráermela (con su contable, claro. El contable es de muy buen conformar. Gran hallazgo el contable). Tengo fundadas esperanzas de que se deje convencer. Ya ocurrió con Madrid y, si me pongo, ya ocurrirá con la música árabe, que es una etiqueta bastante inútil y algo mendaz. Todo lo contrario de la naturaleza intrínseca de las muchas músicas que etiqueta («Por los campos de Segovia se ayuntaba, con arábigas canciones, la compañía de los sayeses…»).

En fin, recojamos y marchemos al portalón de las ranas, las calaveras, Isabel y Fernando, el griego y las figuritas. Hoy tocará la Biblia Aramea. ¿Has desayunado bien?

«20081004 salamanca fachada universidad 92 r r1», foto de Tomás Mesón, 4 de octubre de 2008.

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite.

Expolio gibraltareño salmantino

La anteriormente conocida como Calle Gibraltar, foto de Buñuelesco, 25 de noviembre de 2008

Por ninguna razón extraordinaria sino por las de siempre (que prohijan, por ejemplo, el mismo nacimiento y desarrollo de este cuaderno de viajes que os escribo, bien sea entre países, bien entre libros manuscritos) me encontraréis hasta finales de julio en la famosa ciudad del Tormes que, por seguir con la panoplia literaria, se hace acreedora de elogios de diablos voladores (signifique eso lo que signifique):

Lleváronse consigo a Tomás, y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus amos licencia para volverse.

Lo de la apacibilidad de su vivienda en la Salamanca eternamente universitaria, sandamente tuna y permanentemente goliárdica (me cuentan que no es que exista ya solo el jueves universitario: es que ahora se estila el martes, el viernes y el domingo, con el complemento del sábado), debe de ser una histórica coña marinera (fluvial, claro) del viejo Miguel, como en tantas otras cosas. O un trasunto literario de dos amigotes que, pasados los cuarenta, se juntan frente a dos güiscazos a recordar lo apacible de su vivienda y de su vivencia universitaria. Aquellos maravillosos años.

Siempre había dicho yo que, salvadas las distancias que impone el sistema tan poco sistemático de investigación y docencia universitaria de mi patria, Salamanca podría haber sido el escenario casi perfecto para un Oxford español, secundado por Alcalá de Henares o Santiago de Compostela en formato Cambridge. Siempre lo había dicho, aun sabiendo que, de donde no hay, no se puede sacar; que aquí paz y después gloria; y que, visto lo visto, muchos son los llamados y pocos los elegidos. Y en esas estamos y así nos luce el pelo: el de la cabeza y el del arco del triunfo de cuyo paso y paseo tanto disfrutan según qué próceres con muceta.

Lo que no había dicho hasta ahora y me acabo de dar cuenta en mi primer día salmantino es que Jerusalén y Salamanca se parecen, que ya es decir. Y se parecen en algo fundamental: la reverberación de su luz que produce la piedra con que estan construídas, la del Tormes y la del secarral mediooriental. Como yo, en otras circunstancias, tendría que estar de viaje por Jerusalén («Mi corazón,está en Oriente, y yo en los confines de Occidente»), me ha producido una curiosa reacción de apacibilidad íntima, si no por la vivienda, porque, sospecho, esas olimpiadas judaísticas jerosolimitanas que convocan cada cuatro años en la dizque capital de los siónidas, de los sionistas y de los sionólogos habrían sido una cita mucho más insoportable, mucho menos apacible y en un lugar de lejos muchos menos ameno que la que tengo, durante las próximas tres semanas, con la Biblia aramea (manuscritos 1 al 3), con la Banda de los cuatro (Camhi junior en versión gramatical y lexicográfica; Camhi senior y el rabino Meir, el limitante: manuscrito 6); la Biblia latinada (manuscritos 589, 590 y 2170) y el serendípico De astrologia en román paladino, dizque traducido de la lengua santa en que lo escribió Abraham Avanazra, como le decían en el vernáculo de su tierra (manuscrito 2138); a la sombra todos de la catedral resplandeciente, en el rinconcito tan ameno del fondo del Patio de las Escuelas Mayores.

Ea, señoras, señores, queden con Dios…

Lleváronse consigo a Tomás, y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus amos licencia para volverse.

[En la misma serie.]

Pues no recuerdo ahora mismo con qué mapas dan el tiempo en las televisiones israelíes o palestinas: me supongo que con el de siempre (versión neohebrea, versión arábiga).

Ahora, algo más me conozco cómo dan el tiempo los mapas mediáticos de esta península mía extremo-meditérranea. Cataluña, si no recuerdo mal, llega a Fraga pero no a Zaragoza; Valencia (en sentido laxo) abarca Elche y Castellón pero no Cuenca, Cartagena o Calaceite (un suponer). Sin embargo, Madrid llega hasta lo menos León (si no más ya) en dirección al norte; hasta Albacete (poco faltará para Gandía) en dirección sur, sureste. No recuerdo Andalucía pero diría que no se inmiscuye en el Algarve ni más allá de Chafarinas (aunque las teles marroquíes, si no voy errado – que puede que sí – si se lancen a la fantasía territorial de las Canarias, Ceuta, Melilla, Perejil/Layla/Maadnús y, a poco que uno lo mire con objetividad, de la Acequia Roja y el Río de Oro).

En fin: nacionalismo banal, el hijueputa siempre es el otro, la viga de cemento armado en el ojo propio siempre más ligera y grácil que la reprensible pajilla en el ojo ajeno, etc. Nada que vaya a alterar el ánimo más que habituado, «de Algeciras a Estambul», ya se sabe, que cantaba Serrat.

Una forma clásica de ponerse el mundo por montera es dibujar, colocar o exhibir un mapa. Gran impostura, los mapamundis europeos colocan al Viejo Continente en el centro del globo; los australianos ponen a los mares del sur en el foco. Nosotros, lo único importante, que decía el Fraga de camisa azul.

Cuán diferente actitud respecto a la de los miniaturistas de los primeros cartulanos, que acompañaban el descubrimiento y exploración de nuevos mundos. Aquellos predecesores pugnaban por abarcar lo nuevo. Sus sucesores hicieron de la cartografía coartada nacional. Hasta el paroxismo identitario, que aprovecha incluso el granizo para construir la nación.

A los añejos mapas de España prescindiendo de Portugal de la era del caudillo le sucedieron otros en que la lluvia se detenía en los confines políticos de la autonomía.

La impostura oportunista del nacionalismo periférico, gemelo del casticista, prescindía alegremente del interés viajero de su clientela y sus necesidades de preparar paraguas o sombrero. Importaba el tiempo en Mondragón, para nada en París, aunque esta ciudad fuera más frecuentada por los vascos que el caserío vecino.

La ETB del nuevo lehendakari de la Euskadi en vías de mayor normalización ha corregido ya ese dislate. Ofrece mapas meteorológicos con menos frontera política y más área de influencia calculada por la afluencia turística. Parece predicar que si el País Vasco es importante y atractivo no lo será por el protocolo cartulano, sino porque la ciudadanía vasca sea atractiva e importante.

Sufridos habitantes de otras autonomías, como la catalana, agradecerían la importación de ese modelo, que evita confundir la patria con el chubasquero: tanto mapa en TV-3 con Maó y Alacant y Andorra para consumo de ensoñadores. Cuán poca previsión del tiempo futuro en Sevilla, destino más frecuente para el barcelonés medio que Borriana.

Lo que vale para catalanes también vale para madrileños clientes de Telemadrid, ridículamente sobreinformados de los avatares climáticos en su Comunidad y lejanos, al escurialense modo, a los del ancho mundo. Usuarios, no patriotas.

«Usuarios, no patriotas», El País, 1 de julio de 2009.

Mapa del tiempo en El País (vía Quim Roig, vía Miquel Boronat previamente):

Tiempo nacional

Una de las cosas que tiene andar buscando una cosa (en fin, un judío) en tres tomazos de catálogos de manuscritos , de a trescientas y pico páginas cada tomazo,  sin índices que le sirvan a uno de nada -o sea, andar buscando a un judío en un pajar-, es que acabas perdiendo el tiempo.

Una de las cosas que tienen exactamente las mismas circunstancias, incluido lo de perder el tiempo, es que acaba uno encontrando serendipias de este género:

CAPÍTULO. N.º 398 [Copia de capítulos sacados de una causa seguida por el Comisario de la Inquisición en Villanueva de Alcaudete, a Luisa, morisca, por hablar en algarabía con objeto de poder entender a los turcos cuando entraran en España. 17 Julio 1575].

Marcelino Gutiérrez del Caño, Catálogo de los manuscritos existentes en la Biblioteca Universitaria de Valencia, Valencia, Librería Maraguat, 1913, tomo I, pág. 153

Y de paso, y por curiosidad, si alguien me dice dónde está Villanueva de Alcaudete, si en Toledo, en Jaén, en Valencia o en el país de las erratas, se lo agradecería.

On England’s pleasant pastures seen!
¡De Inglaterra en sus amenas verduras percibido!
William Blake

Conviene volver, de tanto en tanto. Mañana, más.

Cementerio de San Juan

Lugares propicios para el amor platónico

Aprovechando el consenso casi universal de la legislación laboral (hay que aprovecharla mientras exista) de que en domingo no se trabaja por razones etimológicamente sabáticas, nos vamos un poco de fiesta con una de las contribuciones de la lírica, cantada en este caso, al tema del desamor masculino, tan épicamente narrado en otras composiciones notables de la misma área cultural y en la misma lengua (o en otras, igualmente memorables). Con ustedes, «19 de noviembre» de Carlos Vives (y conmigo, unas maletas a medio hacer, aunque -¡ay!- no para el destino que no es ningún misterio que será el primero mío en cuantito acabe la tesis zamorana que me ocupa: mi platónicamente adorada América Latina. No es que vaya a dejar a los judíos, criaturicas, es que me iré a buscarlos entre los trópicos: el de Cáncer y el de Capricornio. La excusa perfecta, ya saben).

19 de noviembre:
después de tanto sufrimiento
llevo al cielo tu retrato
y me declaro libre como el viento.
Ya me siento renacer,
¡cómo pudo suceder!
Yo que estaba mal herido,
con el corazón partido
y a punto de fallecer,
y tú irrumpiste vencedora.

Cuando viste la insolencia,
defendiste tus fronteras
y clavaste tu bandera
pidiendo mi independencia.
No había nada que perder;
te lo quiero agradecer.
Yo seré tu fiel soldado,
tu serás mi día de fiesta
y siempre te recordaré.

Y cada 19 de noviembre,
grito de mi independencia,
se oyen fiestas dondequiera
y en el cielo una bandera
rinde honor a tu existencia.
Y cada 19 de noviembre
conmemoro aquella gesta,
se oyen luces en el cielo
y en la calle está mi pueblo
recordando tu epopeya.

Y tú irrumpiste vencedora:
cuando viste la insolencia,
defendiste tus fronteras
y clavaste tu bandera
pidiendo mi independencia.
No había nada que perder,
te lo quiero agradecer.
Yo seré tu fiel soldado,
tu serás mi día de fiesta
y siempre te recordaré.

Llegó noviembre ya,
vamos a celebrar
y a la orilla del mar
te volveré a besar.
Llegó noviembre ya,
vamos a parrandear,
te gritaré al pasar
¡viva mi libertad!
(¡ay, mi amor!)
(Vuelan, vuelan, tus problemas vuelan ya…)

Embajada vulcaniana en la Capital Federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Embajada vulcaniana en la Capital Federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

«Puerto Rico – El Viejo San Juan: Cementerio de San Juan», foto de Wallyg, abril de 2001; «19 de noviembre», del disco El amor de mi tierra de Carlos Vives (1999); «Synagogue in Buenos Aires», foto de Jeremy Whitehorn, 3 de agosto de 2006.

Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Si la Paleografía latina y de las lenguas vulgares en la Edad Media ofrece tantas dificultades, á pesar de los libros didácticos que acerca de ellas se han publicado, y de los muchos documentos que constantemente se publican en excelentes reproducciones fototípicas, en lo referente á la Paleografía árabe, puede decirse que casi nada se ha hecho hasta hoy. [...]

En efecto, los arabistas nos encontramos á cada momento en compromisos á que no se ven expuestos los que cultivan otras lenguas, respecto á las cuales el público es menos exigente, por serle más fácil el comprender sus dificultades. Los que entre nosotros cultivan las lenguas hebrea y griega, pocas veces se encuentran con manuscritos de estas lenguas, á no ser en los estantes de las bibliotecas de El Escorial ó Nacional, y parece que nadie se extraña de que el profesor ó aficionado á tales estudios no sepa leer un manuscrito griego ó hebreo, toda vez que no ha podido ejercitarse en su lectura. [...]

Aun el que ha estudiado latín encuentra fácil disculpa ante el público, si no sabe leer un manuscrito en esta lengua; pues todos saben que hay estudios especiales para aprender á leer manuscritos antiguos, y por tanto comprenden que no tiene obligación de saber leer un manuscrito latino antiguo quien no haya estudiado Paleografía.

Francisco Codera y Zaidín, «Paleografía árabe. Dificultades que ofrece. Su estado. Medios de desarrollo», Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), tomo xxxiii, cuaderno 4 (Informes), octubre de 1898, págs. 297-306, en pág. 297.

b) Tipo de escritura: Ésta es una espinosa cuestión por no existir una nomenclatura internacional, universalmente aceptada y que responda a unos criterios científicos a la altura de los tiempos. Al llegar este punto en ocasiones el investigador no sabe a qué carta atenerse. Ante todo hay que evitar denominaciones vagas y poco comprometedoras (tales como escritura minúscula, cursiva, libraria, etcétera) y tampoco introducir meras apreciaciones estéticas (por ejemplo, escritura hermosa, cuidada, etcétera). Se debe especificar el estilo (escritura visigótica, carolina, gótica, humanística, etcétera), el ductus (pausada, cursiva o semicursiva) y el tipo, en la media de lo posible, utilizando conceptos bien claros y generalmente admitidos (por ejemplo, gótica cursiva «cortesana»). Cuando la escritura no responda a un tipo puro, entonces se procurará definirla por aproximación o indicando sus rasgos más característicos. Aunque sea brevemente conviene analizar los signos alfabéticos que ofrecen alguna particularidad en su trazado, las ligaduras notables, el sistema de abreviaturas empleado y la tipología de los signos de compendio, puntuación y otros varios ortográficos (ápices, guiones, comillas, etcétera). También se explicitarán los siguientes aspectos: aplicación de la scriptio continua y/o grado de observación de los espacios interverbales; colocación de la escritura apoyada sobre el renglón o bien trazada a distancia del mismo, produciendo la impresión de que está suspendida en el aire; presencia de correcciones y de cualquier particularidad gráfica digna de mención.

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Otra fuente de datos interesantes procede de los signos numéricos. Las indicaciones esticométricas deben señalarse. Por último, se registrarán algunos usos no comunes y, por tanto, relevantes, tales como el empleo de recursos taquigráficos, criptográficos y demás variantes similares.

Una vez analizada la escritura del texto, se intentará determinar si el trabajo ha sido realizado por un solo copista o por varios. Hay que ser prudentes en este terreno, dada la rara habilidad mostrada por algunos escribas en la imitación de diversos tipos de escritura y su contrapartida, el grado de mimetismo de algunos profesionales. Cuando se descubran varias manos, se intentará identificar las principales, designándolas mediante letras mayúsculas del alfabeto.


Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002, pág. 363

Dicen que han dicho que dicen,
dicen que han ido diciendo.
Y entre dimes y diretes
llevas la petaca llena:
que si oye, que si mira,
que si fíjate qué cosa
y con esta tontería
ya he terminado una estrofa.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Si no hay sensibilidad
para captar el sustrato
del lenguaje musical,
pues dedícate a escuchar
lo que siempre te ha gustado
para que no sufras más.

Pican, pican los mosquitos,
pican con gran disimulo:
unos las entendederas
y otros pican el orgullo.

Sea por hache o por jota,
sea la y griega o la zeta,
ya libré muchas batallas
y solté muchas carretas.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Carmen París, «Jotera lo serás tú», del disco homónimo de 2005.

En Madrid, este fin de semana, se disponen a soltar palomas. Mientras, en Jerusalén, hace dos años, miraban a ver si podían soltarlas. Palomas y leones:

Lo titz'ad

«No desfilarás: Jerusalén de todos».

Supongo que esto es también la normalidad.

«פלורליזם ירושלמי – Pluralism in Jerusalem style», foto de Abu Yotam, 20 de junio de 2007; «בוא» («Your soul»; literalmente «Ven»), del disco Live CD 2006 de Ivri Lider.

Estas instrucciones van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas pequeñas y recientes. Porque, si el éxito de una biblioteca depende en grandísima parte del bibliotecario, esto es tanto más verdad cuanto más corta es la historia o tradición de ese establecimiento. En una biblioteca de larga historia, el público ya experimentado, lejos de necesitar estímulos para leer, tiene sus exigencias, y el bibliotecario puede limitarse a satisfacerlas cumpliendo su obligación de una manera casi automática. Pero el encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucha más personal, poniendo su alma en ella. No será esto posible sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir, y en la eficacia de su propia misión para contribuir a ese mejoramiento.

No será buen bibliotecario el individuo que recibe invariablemente al forastero con palabras que tenemos grabadas en el cerebro, a fuerza de oírlas, los que con una misión cultural hemos visitado pueblos españoles. «Mire usted: en este pueblo son muy cerriles; usted hábleles de ir al baile, al fútbol o al cine, pero… ¡A la biblioteca!».

No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: ¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura!

Ellos presienten, en efecto, que es cultura lo que necesitan, que sin ella no hay posibilidad de liberación efectiva, que sólo ella ha de dotarles de impulso suficiente para incorporarse a la marcha fatal del progeso humano sin riesgo de ser revolcados; sienten también que la cultura que a ellos les está negada es un privilegio más que confiere a ciertas gentes sin ninguna superioridad intrínseca sobre ellos, a veces con un valor moral nulo, una superioridad efectiva en estimación de la sociedad, en posición económica, etc. Y se revuelven contra esto que vagamente comprenden pidiendo cultura, cultura… Pero, claro, si se les pregunta qué es concretamente lo que quieren decir con eso, no saben explicarlo. Y no saben tampoco que el camino de la cultura es áspero, sobre todo cuando para emprenderlo hay que romper con una tradición de abandono conservada por generaciones y generaciones.

Tú, bibliotecario, sí debes saberlo, y debes comprenderles y disculparles y ayudarles. No es extraño que una biblioteca recibida con gran entusiasmo quede al poco tiempo abandonada si se la confía a su propia suerte; no es extraño que el libro cogido con propósito de leerlo se caiga al poco rato de las manos y el lector lo abandone para ir a distraerse con la película a cuya trama su inteligencia se abandona sin esfuerzo. Todo esto ocurre, pero no ocurre solo en tu pueblo, ni lo hacen solo tus convecinos, ocurre en todas partes, y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción.

La segunda cosa en que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan solo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas!

Pues bien: esta es la tarea que se ha impuesto y que está llevando a cabo el Ministerio de Instrucción Pública por medio de su sección de Bibliotecas y en la que vosotros tenéis una parte esencialísima que realizar.

María Moliner, «Prólogo» a las Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, Valencia, Sección de Bibliotecas, Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Instrucción Pública, 1937, citado en el catálogo de la exposición «Biblioteca en Guerra».

BNE Madrid

Casi todo lo he leído de bibliotecas, salvo en la Nacional, que es un lugar que detesto. Iba de niño, cuando estaba en el colegio (y aún había una sección de préstamo o circulante). Luego lo cambiaron todo.

Una vez, después de que la reformaran, fui a sacarme el carnet y me preguntaron qué quería leer.

-Libros, claro. No te fastidia.

Querían que les dijera qué libros y para qué quería leerlos. Además, necesitaba una carta de un profesor de universidad.

-Pero yo soy profesor de universidad -aduje, porque entonces lo era, si bien en otro país.

-De una universidad española -me advirtieron.

Para leer necesitaba la autorización de un funcionario español y explicar con qué propósito (oscuro, sin duda) quería leer. Me quedé de piedra.

Llevaba años leyendo sin problemas en las mejores bibliotecas del mundo y aquí, en Madrid, todo eran obstáculos. Luego leía en los periódicos la propaganda, que si estaban convirtiendo la Nacional en un centro a la altura de las grandes bibliotecas del mundo, etc., y no daba crédito: en ninguna de las grandes bibliotecas del mundo me habían pedido ni la hora para dejarme leer sin problemas.

Rafael Reig, «Se derrumba la poesía», Blog de Rafael Reig, 28 de junio de 2009

Me he reconocido. Evito como la peste la entrañable Sala Cervantes (y mira que entra luz. Y mira que no hay wifi. Que funcione). Y eso que se ha relajado el ambiente. Algo: cuando se estaba tan, tan abajo, cualquier cosa es relativa y cualquier mejora, elogiable. A mí aún me ha llegado la especie de que en la Nacional (ahora de España, antes de Madrid. Como la Nationale lo fue primero de París, ahora de Francia) se ligaba. Hay que explicar quien me transmitió la especie: mi recordado profesor de historia del instituto. Véase: rechoncho, miope, con gafillas de enteradillo, con una notoria mala leche. Y marxista-leninista. Pero con una notable capacidad pedagógica: solo con explicarnos los mecanismos de la crisis de 1929 y la posibilidad real de que pese a la rechonchez, la miopía, las gafillas de enteradillo, la mala leche y el marxismo-leninismo (militante) se podía ligar en cualquier sitio (la BNE, amigas, amigos, para los propósitos que nos ocupan, es sin lugar a dudas un ejemplo perfecto de cualquier sitio), nos dio la lección más importante que cualquier pedagogo debe trasmitir a sus alumnos. Que nunca hay que perder la esperanza.

Así que la primera vez que traspasé el umbral del magno edificio del Paseo de Recoletos, no se lo voy a negar, yo andaba pensando en qué tal se daría el día. Por leer y tal, ya saben. Pero lo que me encontré fue una fortaleza. Yo diría (diría solo: la memoria anda floja) que «mi primera vez» en la BNE fue en plena era Regàs, en que todo parecido con la realidad de una biblioteca fue pura ficción. El caso es que el control de entrada es pesado, pesadísimo. La casa se rige por todo un catálogo (comentado e ilustrado) de normas absurdas, la más absurda de las cuales es, con mucho, que no se puede acceder a la sala de lectura con un libro (propiedad del lector, cumple explicarlo) del que ya exista un ejemplar… ¡en la misma sala de lectura donde se va a leer! Imaginemos que ustedes, por esas raras perversiones que promueve la indecencia de nuestra Edad de Hierro, quieren consultar el ejemplar único del Libro de las perlas de Oriente y de los batracios de Occidente del autor judeo-árabe, convertido de la ortodoxia copta, de origen parto-armenio, Aburrás Alquebir Imrán Manaarifish Shumdavaryan Alcubtí Alyahudí Alaarabí Alghurabí (siglo xiii. O xii. Depende del palito), del que un oscuro profesor ayudante, actualmente en la Universidad de Miskatonic, realizó una edición crítica para su tesis doctoral (con transliteración paleográfica) en dos tomos, posteriormente rehechos en uno solo, publicado por las Prensas Universitarias de Celama de Arriba (porque el oscuro profesor ayudante resultaba ser puertorriqueño de nación, americano de pasaporte, español de lengua y tartamudo de inglés. Y bizco, gordo, miope y cojo, pero eso son detalles que no vienen al caso). En fin, supongámoslo, por la necesaria coherencia interna de mi ejemplo y porque cosas más raras se han visto. Y en las bibliotecas de fondo antiguo, más. A ambos lados del mostrador de préstamo.

Imaginemos pues que la aguerrida lectora (o lector, pero no quería que se pusieran a fabular por el género de nuestro protagonista) se acerca a la Nacional de España con su copia impresa, subrayada, doblada, señalada, requeteusada y, sobre todo, personal, de la citada edición. ¡Malhaya semejante osadía! ¡Pluga a Dios castigue tal afrenta! (Si ponen atención les aseguro que podrán oír este tipo de román paladino en boca de los usuarios de bibliotecas de fondo antiguo. Y una curiosa afición por las camisas de cuadros, en el caso de los hombres, que nunca he conseguido explicarme. En fin…). Si la aguerrida pero imprudente lectora persiste en entrar con un tomo del que al menos un ejemplar se cuente en la colección de la Sala Cervantes (como sería el caso, claro, de la edición única del unicum de Abú Imrán Manaarifish conservado en la BNE), y se emperra, porque las lectoras de fondo antiguo son así (un pelín perras. Y perros, claro, si son hombres), sencillamente no podrá entrar a consultar el manuscrito. La ecuación por la que la dirección de la BNE ha llegado a la conclusión de que es más fácil robar un ejemplar de una obra impresa reciente que figure en el depósito o en las estanterías de la sala donde uno lee… si ya se entra con un ejemplar de la misma edición, es uno de sus misterios que, junto con la transustanciación del cuerpo místico de Cristo en la eucaristía, la lógica de las alianzas políticas en el parlamento de Israel, las virtudes del desayuno fuerte o la necesidad epistemológica e incluso ética del orgasmo simultáneo, superan la comprensión humana y entran de lleno en los abismos de la mística. Porque, con tanta prohibición pudibunda como se gastan en la BNE, la única virtud que se le ve al invento es que sea un emporio de mística funcionarial, de tanta necesidad para el alivio de nuestros atribulados tiempos. Dado el paupérrimo fondo corriente, la cosa roza lo vergonzante. Al contrario de lo que ocurre en las grandes bibliotecas «nacionales» (como los museos «arqueológicos», otro invento decimonónico con alguna virtud y muchos defectos), pero en las de verdad, estén sitas en Washington, Londres o París (¡o hasta Dublín o Edimburgo!), en la Biblioteca Nacional de Recoletos no vayan a pedirle peras al olmo. Por no pedirle, no vayan a pedirle ni siquiera que cumplan la primera obligación de toda biblioteca «nacional»: que tengan un ejemplar de cada libro publicado en España. Ni eso tienen. Ni con su obligación de ser depósito legal cumplen.

San Bernardo StreetY entre la paranoia de seguridad, la falta de movilidad de los volúmenes entre las salas (¡a quién se le ocurre la ocurrencia de leer una edición crítica de un manuscrito cuyo ejemplar de conservación en la Biblioteca Nacional no esté en la Sala Cervantes!) y los evidentes fallos de su primera y principal misión de ser el depósito legal de la edición española (y de hacerse con otros libros, publicados en el extranjero, que puedan servir al progreso del conocimiento y a la formación del patrimonio librario y libresco de la Biblioteca), es difícil ser ecuánime con la simpatía y disponibilidad del personal de la biblioteca y, especialmente, de quienes están en sala ni con el remarcable fondo manuscrito, ni con los tres manuscritos de Alfonso de Zamora que conserva la institución de Recoletos (signatura mss. 4188, 5454 y 7542, por si alguien tiene curiosidad).

Yo tengo mi refugio bibliotecario, mi locus amoenus libresco en pleno centro de la capital (con su aire acondicionado en verano; con su luz que entra a chorros en la sala de lectura en invierno) pero no se lo voy a decir así como así, a ver qué se piensan.

«Madrid. Biblioteca Nacional», foto de srmagori, 11 de noviembre de 2008; «San Bernardo Street», foto de Ibontxo, 31 de marzo de 2007.

Y aún me preguntarán por qué me regodeo en mi judeofilia:

We are delighted that the occasion of our son’s wedding (…) solved a 150-year-old bibliographic mystery.

Nos complace que, con ocasión de la boda de nuestro hijo [...] se haya resuelto un misterio bibliográfico de ciento cincuenta años.

Shlomo y Mati Sprecher, «A Gemeinde Gemeinheit», Tradition Seforim Blog, 2 de junio de 2009.

Qué quieren: en las bodas de mi pueblo se dan gritos de ¡Que se besen los novios!, ¡que se besen los padrinos!, ¡que se besen los padres del/de la novi@!, ¡que se besen los cuñados de la prima hermana del suegro de la hija del cura!, etc. O se reparten, previo corte y recorte entre vocinglerías tan beodas como campechanas, trozos de la liga de la novia, de la corbata del novio o, innovación reciente que no conocí en mis años más mozos pero cada vez más extendida, de los calzoncillos del novio, con la intención de subastarlos.

Pero vamos, a la bibliografía, lo que es a la bibliografía, no tengo yo visto que en las bodas de mi pueblo se hayan dedicado. Ni que piensen hacerlo.

PD: El artículo de los Sprecher es, por otra parte, francamente interesante. No tanto como adquirir en subasta trocitos de la liga de una novia, pero interesante en cualquier caso.

Sin nombre«5 Il rabbino di Venezia El…», foto de triestebraica, 9 de marzo de 2008.

Prima di dormire mi dice la sua frase preziosa: “M’importa di te”. Come al solito non so che restituire.

Antes de dormirnos me dice esa frase suya preciosa: “Me importas”. Como siempre no sé qué replicarle.

Erri de Luca, Montedidio, 2001.

Shir hashirim barehov

[Ella –] Yo dormía pero mi corazón velaba; la voz palpitante de mi amor: [Él –] «Ábreme, hermana mía, amiga mía, mi paloma, mi todo; que mi cabeza está cuajada de rocío, mis cabellos, de nieblas nocturnas.»

[Traducción de Emilia Fernández Tejero].

«שיר רחוב בחצר תיכון הראל» (Poesía en la calle en el patio de la Escuela Secundaria Har’el, Mevaséret Tsión), foto de Tikhon Harel, 31 de octubre de 2008.

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