«On nous apprend à vivre quand la vie est passée».
[Se nos enseña a vivir cuando se ha pasado la vida.]
Montaigne, Ensayos, libro I, capítulo xxvi
―Vale, ¿quién lee?
―Yo.
―Muy bien, Carole, lee.
―Quería hablar de un día especial durante mi reciente viaje a París. Toda mi vida había soñado con ir allí. Por eso he estudiado el francés aquí, en esta clase para adultos durante dos años. Salvé mi dinero y fui a París por seis días. Hasta cinco días después, sufría de jet-lag y estaba un poco cansada todo el rato.
Era mi primer viaje a Yuropa. Quería ir por dos semanas pero no he podido dejar a mis perros, Lady and Bumper, por tanto tiempo. Me gustaron mucho los museos y las calles de París. Tan solo la comida no era tan buena como yo me creía. Había considerado ir a París con un grupo, pero soy un persona muy independiente. Porque trabajo de cartera aquí, en Denver, estoy acostumbrada a andar todo el día. También quería tener una aventura auténticamente extranjera y quería practicar el francés.
―¿Sabe usted donde hay un buen restaurante por aquí?
―Eh… It depends. What kind of food do you like? [Depende. ¿Qué tipo de comida le gusta?]
―Oh, anything. [Bueno, cualquiera.]
―Do you like Chinese food? [¿Le gusta la comida china?]
―Sure. [Sí, claro.]
Dicen muchas cosas sobre París. Dicen que es donde los artistas encuentran inspiración. Dicen que es donde la gente va a buscar algo nuevo en la vida suya. Dicen que van para encontrar el amor. Por supuesto, a mi edad, yo no tenía expectativas por todo eso. Pero, durante esos días, tuve muchos pensamientos sobre mi vida. He pensado en si hubiera nacido en París, o si un día tuviera mucho dinero [se trabuca]… podría vivir allí. Imaginaba repartir el correo en una calle así y conocer a la gente que vivía allí. Estoy segura de que son muy simpáticos. He visitado un cementerio famoso donde está enterrada mucha gente famosa. He visto la tumba de Jean-Paul Sartre y de Simón Bolívar. Mi libro dice que eran dos famosos escritores franceses y que se querían mucho y por eso están enterrados el uno al lado del otro. Y he visto la tumba de un hombre que se llama Porfirio Díaz. Mi libro dice que fue dictador de México por treinta y cinco años. Era interesante estar al lado de un hombre poderoso que ahora no puede hablar ni moverse como yo puedo. Pensé en mi hermana Patty, que murió muy joven, y he pensado en mi madre, que murió de cáncer el año pasado. Un día yo también seré enterrada y tal vez nadie me visitará. Pero me da igual porque estaré muerta. Pero no soy una persona triste. Al contrario. Soy una persona feliz con muchos de los amigos y dos perros maravillosos. Solo que a veces pienso que estaría bien tener alguien con quien compartir las cosas. Por ejemplo, cuando veo París de un rascacielos, yo quería decirle a alguien: «Es bonito, ¿verdad?». Pero nadie hay. Pensaba en mi exnovio Dave si le gustaría este viaje. Pero me he sentido un poco estúpida, porque hace once años que no hablo con él y ahora está casado con tres hijos. Después he encontrado un parquecito muy bonito. Me senté en la parque y me he comido un sandwich que he comprado. Estaba muy bueno. Luego, algo ha sucedido. Algo difícil de describir. [niños chillando. Se oyen conversaciones.]
Sentada allí y estar sola en un país extranjero, lejos de mi trabajo y de toda la gente que conozco, un sentimiento ha venido a mí. Era como si acordara de algo que nunca he conocido o que había esperado siempre pero no sabía el qué. Tal vez era algo que había olvidado o algo que he echado de menos toda la vida. Solo puedo deciros que he sentido, al mismo tiempo, la alegría y la tristeza. Pero no demasiada tristeza, porque me sentía viva. Sí, viva. Ese fue el momento en que empecé a amar París y el momento que sentí que París me amaba también.
Margo Martindale («Carole») en Paris je t’aime (XIVème Arrondissement), dirección de Alexander Payne, guión de Nadine Eïd y Alexander Payne (2006).
junio 30, 2009 at 12:27 am
ben bonica esta descripció del saudade per una americana. Ara, encara no sé com vos agrada tan Paris, jo soc un poc més bord, preferisc la campagne, les vignobles, les vaques que fan camembert i l’accent provençal.
junio 30, 2009 at 11:01 am
Gràcies, Dani, mai no hauria aplicat la categoria saudosenta a este clipet (al flim o pinícula on està inclòs n’hi han d’altres aportacions ben reeixides -d’altres, no tant, però). Quant a eixa cosa de París, xè, què vols? En el meu cas perquè hi visquí tres anys com tres solets que m’han deixat molta marca. Quant a la Marieta, perquè és una lectora compulsiva de Cortázar. Diu que n’és la Maga i tot. Jo crec que la xica es punxa rayuela en vena cada dematí. El Viçantet... doncs el Viçantet no tinc ni idea. Millor que li demanes a ell. Ara, jo sóc un parisenc adoptat però que li tinc molt d’afecte a Orleans, ves per on.
Per cert, si la vaca dóna camembert és genealògicament impossible que parle provençal, no confongam als no iniciats.
PD: Molt bones les teues cròniques teheranianes! Sort que n’ixqueres viu i ben viu!
junio 30, 2009 at 11:07 am
Me mata este corto, que recuerdo vi por primera vez justo antes de irme a vivir a Paris. ¿A que era ésta la entrada que querías que viese sí o sí?
“Y he visto la tumba de un hombre que se llama Porfirio Díaz. Mi libro dice que fue dictador de México por treinta y cinco años. Era interesante estar al lado de un hombre poderoso que ahora no puede hablar ni moverse como yo puedo.”
Pero por mucha sonrisa que me provoque, la saudade del final es, efectivamente, desgarradora! como un fado tejano!
junio 30, 2009 at 11:21 am
Ben tornata, Matano! Sí, sí, claro, es este. Se me ha escapado un poco de la fecha del aniversario, pero por estas fechas del año pasado yo me estaba reinstalando en el centro del Altiplano desértico ibérico, tu t’en souviens?
La parte de tristeza del final, no sé por qué, a mí me evoca cada vez que la veo, sonetos en triste portugués prisionero. Pero hay una parte de mucha sustancia contenta, o feliz, en lo que siente Carole. Conforta pensar que, a poco que uno se esfuerce en su propia vida, no hay lugares ni vidas anodinos. Solo se requiere el querer que se le ponga a las cosas (y a las personas). Incluso a sus sombras transeúntes, sin nada más.
Me voy a por el segundo café…
junio 30, 2009 at 1:06 pm
no volia pas despistar el personal, però tens rao, una vaca provençal mai farà camembert i té molts numeros per ser negra i amb mala llet. Feia una alegoria de la campagne, del patois i tot allò que no és d’Île de France.
Gràcies!, vam eixir-ne vius de Teheran, la diferència entre un periodista i jo, és que ells veuen jaleo i se’n van al mig i jo vaig veure allò vaig marxar sense entretindre’m massa.
junio 30, 2009 at 2:06 pm
A mi lo que más me gusta es la historia de amor entre Sartre y Simón Bolívar, genial.
junio 30, 2009 at 2:40 pm
Siempre serás una romántica, Maria. En París, la parte venezolana de la pareja de escritores franceses tiene calle, plaza y estatua (ecuestre), cada una en un barrio distinto. Supongo que eso es lo que la perdía a la de la película (o flim).
junio 30, 2009 at 4:01 pm
Yo tenía buenos amigos bretones en París que penaban un servicio funcionarial de obligado cumplimiento antes de poder volver a la província. Y ahora que se han afincado en Normandía, qué diferencia el gusto con el que fui a visitarles, oiga.
No me entiendan mal: he ido a París muchas veces, respeto su mística, adoro el Marais, mi escritorio lo adornan fotografias de Brassaï y Atget, algunos de mis libros, films, personajes y anécdotas favoritas se enmarcan en sus distritos y si tal ciudad no existiera mi bagaje sentimental quedaría seriamente cercenado. Pero irremediablemente yo tengo las querencias de un paysan, y mis sueños de encanto y bienestar me llevan al Perigord y no al quinto arrondissement.
Y además tengo el barrunto de que el Barón Hausmann hizo estragos irreparables…
junio 30, 2009 at 4:53 pm
Veo que los lectores le hablan de usted y en castellano, perdone mi actitud hasta el presente, a partir de ahora me adaptaré a esta norma no escrita pero real, aunque cada v que escriba me signifique un segundo de duda.
junio 30, 2009 at 5:54 pm
Usted escríbame con el tratamiento que más le plazca y en la lengua que más le convenga. La regla escrita es que aquí se responde en el tono que se da y en la lengua que se escribe. Pero responde el dueño del bar (o sea, el menda), que es al único al que compete la regla. Y eso, por cierto, sí está escrito (véase la postdata catalana, al final). Los parroquianos, que facen el que els rote.
La distribución de langue y vouvoiement va por barrios. Cuanta más coña, más usted, por ejemplo Alexandre, que atesora cantidades ingentes de coña y además, por ser marinera de bachillerato, cuenta más en este secarral donde ambos vivimos.
Lo de la Marieta, aunque inconfesado, creo que es por sacudirse un trauma infantil con guardias civiles y juvenil (está hecha una mocita) con funcionarios internacionales. Aquí saca su kit de ‘voy a pasármelo bien en castellano’ y se pega unos chapuzones lingüísticos que pa[ra] qué.
Luego está nuestro Astérix local que ese, claro, ahora y siempre resiste a los romanos, a los moros y a los cristianos. Que se sepa, sin embargo, aún no se ha dado a los banquetes orgiásticos comiendo jabalí(n) ni a tocar el arpa, aunque bloc(que)ros más raros se han visto.
Y hay quien me escribe en castellano por la sencilla razón de que esa es nuestra única lengua común y materna, en mi caso y en buena parte de los hijos espirituales de alcaldes irredentos. Yo lo del valenciano (de la Cequia Ulterior y de la Cequia Citerior) lo hablo por vicio y la variedad específica apichada por la simple razón de que así me oculto mejor a los oídos catalanes: cuando meto una ‘espardenyada’ se creen que es ‘valencianada’ y me dejan estar. Angelicos…
Yo, mira, mientras cuando pases por aquí estés a gusto, aunque seamos de talantes urbanitas, me sobra y me vale.
junio 30, 2009 at 6:06 pm
No, si yo también tenía la mística del Périgord al lado de la mística de mi casa de París, don Alexandre, por si me entraba esas crecederas pueblerinas que tan fuertes les dan a Vds.
Y claro, claro, el Barón Hausmann y su gran jefe hizo evidentes estragos irreparables: para empezar, joderles durante décadas la vida a los parisinos que aguantaron las obras ciclópeas. Como un Gallardón cualquiera, con más ínfulas, que era francés y decimonónico (e imperialista de los de definición estricta y bonapartiana).
En cuanto a lo de que tiene Vd. querencias de un ‘paysan‘, no sé cómo le dirán en su pueblo: en el mío le dirían que está Vd. hecho un paleto, mayormente.
junio 30, 2009 at 9:25 pm
[...] por el campagnardismo irredento de Dani y Alexandre y por la rara circunstancia de que no tengo ningún plazo perentorio que venza hasta [...]
julio 1, 2009 at 11:06 am
“por estas fechas del año pasado yo me estaba reinstalando en el centro del Altiplano desértico ibérico, tu t’en souviens?”
A m’arcord, porque aún no he terminado de digerir el foie de la apoteósica última cena.
Y me acuerdo también de que cuando te fuiste el verano ya no tuvo mucha gracia, no tenía tanta gracia lo de ver pasar las legiones de chic-funcionarias del ayuntamiento parisino, ni nuestros picnics en la deliciosa placita de St Lambert (que, para enlazar con otros comentarios de esta entrada, Simone y yo llamábamos “Camembert”).
julio 1, 2009 at 10:07 pm
Sí, el camembert nunca será lo mismo sin Vds. Pero, en fin, siempre nos quedará Perugia (y alrededores).