Domingo 6 de Abril de 2008


La corrupción académica

Max Weber planteará que un problema mucho mayor y mucho más difícil de resolver que el de la «marcha hacia la especialización» era el de que el funcionamiento de las universidades se estuviese rigiendo por prácticas corruptas que, por un lado, encubrían la desidia y la incapacidad de los académicos y, por otro, estaban abriendo la puerta de la casa del conocimiento a gente poco cualificada mientras que los más válidos quedaban fuera. Los catedráticos, harían bien, en opinión de Weber, en oponerse a la abominable esclerosis académica más que pasarse el día atribuyendo a la inexorable especialización todos los males de su oficio. Así lo planteará el comienzo de su conferencia WalsB [Wissenschaft als Beruf], donde se enuncian de forma exhaustiva todas las miserias que corrompen la universidad imaginada por Humboldt.

Para Weber, la carrera de un hombre de ciencia se construye a base de dinero y no sólo a base de inteligencia. No obstante, pasar a formar parte del cuerpo de profesores resulta, de igual modo, difícil por factores ajenos a los intelectuales; por ejemplo, el hecho de que uno de los criterios reales de selección del personal docente sea, en realidad, la envidia. Así, la norma que permite que un asistente sea despedido sin contemplaciones siempre que el catedrático opine que «no responde a las expectativas» suele ser interpretada como le viene en gana a éste; «no responder a las expectativas» puede ser paradójicamente «tener éxito entre los alumnos».

Por otro lado, ante la disyuntiva de habilitar a todos los que se lo merecen por su capacidad o sólo a los que ya están dentro de la universidad, casi siempre se opta por lo segundo, lo que fomenta la endogamia. Hasta tal punto funciona esto que hacer lo contrario no se entiende. Por lo demás, el acceso a una plaza como profesor depende en lo esencial del azar y de la casualidad, en absoluto de la cualificación. Eso provoca que muchos de los mejores se queden fuera y que muchos mediocres desempeñen papeles sobresalientes dentro de las universidades. Para Weber, en los criterios de selección del personal docente, lo raro no son los fallos sino el hecho de que haya un número tan elevado de aciertos. Si a eso se suma la intromisión política en lo universitario (sea ésta del signo que sea), tendremos que los principales beneficiarios serán los mediocres acomodaticios y los ambiciosos. A pesar de que casi siempre parezca mediar la buena voluntad, la ocupación de las plazas universitarias suele tener en todos los casos algo de bochornoso, hasta el punto de que los profesores suelen querer olvidar las circunstancias y discusiones que precedieron a su ingreso en la universidad.

Pero aunque, gracias al azar, algunos profesores cualificados consigan ingresar en la universidad, no es fácil que eso redunde en una mejora de la calidad de la misma. Todo profesor [...] podía, en teoría, ofrecer cualquier programa sobre su especialidad; ahora bien, ello sería visto como una «desconsideración impertinente» hacia los profesores más antiguos… son éstos los que según una ley no escrita han de dar las clases principales, habiendo de cargar el resto con lo menos atractivo. Para Weber la universidad alemana se mueve, a semejanza de la americana, hacia la forma de empresa de «capitalismo de estado» en la que hay separación entre el trabajador y los medios de producción. El obrero allí sería el asistente.

En la pág. 489 de Pedro Andrés Piedras Monroy, «Una lectura de Humboldt. Max Weber y la universidad alemana», Arbor, clxxxiv, 731, mayo-junio de 2008 (Madrid), págs. 481-493, URL estable a partir de julio de 2008: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor

Pues ya han llegado los tres. Por orden de cariño (aunque el primogénito lorquino y el benjamín arboriano se disputen a partes iguales la prioridad de mis afectos):

El que suscribe, «Fuentes judías sobre la continuidad de Alandalús: el responsum 55:9 de rabbí Aser ben Yehiel (1250-1327/1328 EC)», en Juan Francisco Jiménez Alcazar, Jorge Ortuño Molina y Juan Leonardo Soler Milla (ed.), Actas III Simposio Internacional de Jóvenes Medievalistas [sic], Murcia, Ayuntamiento de Lorca, Fundación Cajamurcia, Real Academia Alfonso X el Sabio, Lorcatur-Lorca Taller del Tiempo, Universidad de Murcia, Sociedad Española de Estudios Medievales, 2008, págs. 53-62, ISBN: 978-84-8371-646-5, URL estable: http://www.jovenesmedievalistas.net/archivo/lorca2008/actasIII.pdf

El que suscribe, «Norma y legitimación del conocimiento rabínico: ángeles, hombres y vulgares burros», Arbor. Ciencia, Pensamiento y Cultura, clxxxiv, 731: «Sociología del saber: el papel de las comunidades especializadas en el proceso del conocimiento», número monográfico editado por Juan Ramón Goberna Falque, mayo-junio de 2008 (Madrid), págs. 423-432, ISSN: 0210-1963, [futuro] URL estable: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor

El que suscribe, «Bibliotecas judías en al-Andalus: problemática de las fuentes y estados de la cuestión», en Nuria Martínez de Castilla, José Luis Garrot, Ana Isabel Beneyto y María Jesús Viguera (ed.), Coleciones madrileñas. Transmisiones moriscas. Actas: Jornadas sobre manuscritos árabes, Anaquel de Estudios Árabes. Anejos, Madrid, Publicaciones Universidad Complutense de Madrid, 2008, págs. 149-154, ISSN: 1888-265X, ISBN: 978-84-669-3049-9, [futuro] URL estable: http://www.ucm.es/BUCM/revistasBUC/portal/modules.php?id=ANQE&name=Revistas2

Lo de la URL del último y menos querido, porque aparte de adoptado es caprichoso y malcriado, es pura quimera, pero quizá algún día se sustancie. Ese mismo día habrá que volver a ponerse con el mismo tema, pero cambiado el traje de cristianar y repetido el bautismo. Que quede algo como El libro entre los judíos de Alandalús-Sefarad. Algo así.

Lo importante es que ya están aquí.